Acaba de publicarse en España un libro titulado “El método Bunbury”, de autoría de Fernando del Val, un poeta español, quien realizó un ejercicio de filigrana literaria, para demostrar que el cantante y compositor Enrique Bunbury, exintegrante de la agrupación “Héroes del silencio”, es un farsante en sus composiciones. Es decir, un copietas, un plagiador, que merece el rechazo de todos lo que en algún momento seguimos sus –todo hay que decirlo- fantásticas canciones.
Se trata de un trabajo de pesquisa de 37 canciones donde del Val detectó que muchas de ellas tenían versos parafraseados y otros transcritos. Benedetti, Frida Kahlo, Nicanor Parra, entre otros, fueron plagiados y allí lo prueba el poeta.
Aplauso para este investigador y desazón frente al que creía un compositor exitoso, al que llegué gracias a mi primo Ernesto, que en la adolescencia me instruía sobre “Héroes del silencio” por los bares de Tuluá.
La canción más sonada, que recuerdo, era la “chispa adecuada” y resultó ser un plagio. Esas primeras líneas que decían “las palabras fueron avispas/ y las calles como dunas / cuando aún te espero llegar”; “En un ataúd guardo tu tacto y / una corona / con tu pelo”; “Eras verano y mil tormentas, yo el león que sonríe a las paredes” y el original del poema “La bicicleta del condenado”, de Fernando Arrabal, dice: “Las palabras son como avispas y la calle como un cohete cuando te espero”; “Tengo un ataúd para tus besos y una corona para tu pelo”; “Eres el verano y mil tormentas y el león que sonríe en las ortigas”.
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