No resistí terminar de observar el video donde estás zapateando, golpeando una pared de esterilla, gimiendo, desesperado ante tu madre inerte, asesinada en una calle sin pavimentar y con un nombre muy sonoro, María del Pilar Hurtado.
Nadie se atrevió, no sé si por dolor o miedo, a tender una manta sobre su cuerpo tirado en el piso para hacer menos trágico el momento y respetar su dignidad, ya tan mancillada.
Quién sabe qué pasaba por tu mente en ese instante. Tal vez odio, venganza, ira, pero nada logra opacar esa desolación en que te vi en el video. No encuentro adjetivo preciso para calificar tu acto. Pero no es necesaria la palabra, a veces, para saber que el dolor te embargaba.
¿Por qué la mataron? ¿Quién fue? O ¿Quién los mandó? No se sabrá, como tantos otros crímenes en esta tierra nuestra. Lo que sí se sabe es que son unos faltones que no se igualan de tú a tú con quien sí puede responderles de igual manera.
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