La razón por la que estudié economía es porque la misión del economista es propender por la maximización de la función de bienestar de la colectividad supeditada a la restricción de escasez de presupuesto y recursos. O lo que en buen romance significa: Buscar la felicidad de todos a pesar de que –como dice el Gran Combo de Puerto Rico- “No hay cama pa tanta gente”.
En esa búsqueda de la felicidad, la cual de manera ingenieril los economistas medimos en unidades de “Útiles”, hemos llegado a la conclusión de que “más es mejor que menos”, pero hasta cierto punto.
Un ejemplo es cuando se tiene hambre y se come una hamburguesa. Los Útiles de comérsela son muchos, pero luego si nos comemos una segunda, los útiles son mucho menos; y así sucesivamente, hasta que el empacho no produce Útiles sino Males que es la medida opuesta y podemos morir.
Otra de las conclusiones halladas en la búsqueda de la felicidad es la de que vivir más es mejor que menos, pero para ser sincero creo que plagiamos el Eclesiastés en el que se lee “Mientras hay vida hay esperanza, pues es mejor perro vivo que león muerto”. Sea como fuere, la Esperanza de Vida se ha convertido en uno de los indicadores por excelencia de la felicidad… Y aquí el tenor de esta nota: En Alemania un estudio científico ha demostrado que observar por lo menos diez minutos al día las chichis de las mujeres nos prolonga cinco años de vida a los hombres. Es, según la investigación, una práctica equivalente a treinta minutos de aeróbicos.
¡Benditas sean ellas!
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