Rodrigo F. Chois

“Aquí con la chanchis”

Rodrigo F. Chois

Así tituló la selfie que publicó un buen samaritano con una linda babypig. Acababa él de recoger al animalito en la casa de la que había sido su amorosa dueña, una mujer que con mucho pesar entregó a Roma –nombre de la cerdita- en adopción para mejorar sus condiciones debido a que no podía dárselas en su pequeño departamento.

Siendo honestos hasta aquí la historia no daría para un editorial, pero…

Hay una moda de tener pequeños cerditos a los que se les concede el mismo estatus doméstico de nuestros amigos perros y gatos.

Si bien estos dos animalitos nos han enseñado mucho sobre lo que valemos como humanos –los primeros al idolatrarnos y los segundos al ignorarnos-, no me queda muy claro el aporte que podría hacer un chanchito fungiendo como tercer actor en materia; pero, en fin, vuelvo con el relato.

El buen samaritano, cuyo apellido es Medina según las noticias, terminó invitando en la noche de la meritoria adopción a sus camaradas para que disfrutaran de una barbacoa en la que se comieron achicharrada a la cerdita Roma.

Por un momento llegué a creer que se trataba de un compañero de colegio que vive por aquellas latitudes, cuyo apellido coincide y quien es bastante adepto a los asados… ¡Pero no fue él!

“Roma ya no se encuentra en este plano” fue la respuesta del chef a la desconsolada dueña de la cerdita quien lo llamó después de enterarse del magno banquete. ¡El shock fue instantáneo! Y los amantes de los babypigs rasgaron vestiduras.

Si amigos, ni Esquilo, Sófocles y Eurípides habrían podido concebir juntos tamaña tragedia.

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