Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Amistad sin fronteras

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Las buenas películas nos abstraen de la silla y nos llevan a percibir con nuestra propia piel lo que narra la historia. Esto ocurre con Green Book: una amistad sin fronteras, 2018, Estados Unidos, película de Peter Farelly.

Proyectados los 130 minutos, que pasan sin dejarnos pestañear, el público sale satisfecho y conmovido por haber presenciado una obra maestra de la cinematografía, independiente que haya merecido premios en varias festivales y el Oscar a la mejor película.

Es magistral la representación de las condiciones humanas, con actuaciones que asumen escenas simultáneas que se alternan de la comedia al drama y viceversa.

Además de la impecable fotografía, manejo de planos y locaciones naturales, esta historia contextualizada entre finales de la década de los 50 y principios de los 60, reflexiona sobre el racismo que todavía afectaba a los hombres de color del sur de los Estados Unidos, entre ellos, a un destacado pianista que acompañado de otros dos músicos sobreviven profesionalmente de las giras artísticas.

Un guion de gran profundidad filosófica que toca el problema del racismo, el abuso de autoridad de la policía, la dignidad, la moderna esclavitud, la gratitud y las peripecias que debe soportar un músico afrodescendiente en una sociedad a la que sólo puede agradar en los escenarios con su magistral interpretación del piano.

Reivindica la universalidad del lenguaje musical a tal punto que rompe las barreras entre lo clásico y lo popular.

La película sensibiliza sin importar el color de piel, tanto que de una relación que comienza puntillosa, entre el artista y su chofer, se establecen verdaderos lazos de amistad.

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