Rodrigo F. Chois

Almuerzos gratis, pero no para todos

Rodrigo F. Chois

El inglés Oscar Wilde definía a los cínicos como a aquellos individuos que conocen el precio de todo pero el valor de nada; defecto que también describe a la masa poblacional cuya ingenuidad es aprovechada inclementemente por oportunistas y parásitos de turno.

Los economistas, por el contrario, nos preocupamos por valor de todo. Es por esta razón que sabemos a ciencia cierta que no existen para todos los “almuerzos gratis”. O dicho de manera coloquial, que toda acción la puede llegar a pagar alguien o varios individuos según su magnitud. En el argot de la economía, esta cuestión se llama “Variación Compensada”. La forma en que se paga es sacrificando o perdiendo niveles de bienestar, y los impuestos es una forma muy especial en que se suele hacerse costear.

Afortunadamente la población profana está adquiriendo conciencia de esta verdad que es tan antigua como la humanidad.

Ahora, la gente del común mira con ojos no muy complacientes el despilfarro que realiza un Estado ineficiente, corrupto y ambicioso que vive como si fuera de la realeza. Ya no sólo se queda con la contemplación pasiva, sino que se pregunta: ¿Quién o quienes están pagando por todo esta disipación? Y descubre que quien lo hace es ella misma a través de una cascada infinita de disimuladas cargas: un poco en la gasolina, otro tanto al hacer compras, al protocolizar un acto, al mover el dinero en la banca, al realizar actividades comerciales, cuando rueda en su vehículo, al poseer una propiedad, al prestar un servicio y sufrir descuentos, al rentar, al recibir su salario, cuando hereda, etc. y etc. Bastante triste, ¿no?

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