Hugo E. Gamboa Cabrera

Albricias y frustraciones

Hugo E. Gamboa Cabrera

Si algo enriquece la idiosincrasia de nuestro paí, es el deporte, en muchas de sus ramas. Lo que acaba de lograr Catherine Ibargüen, al ser calificada como la mejor atleta del mundo, por la IAAAF, en Mónaco, es, tal vez, de lo más grandioso que le ha ocurrido a Colombia.

Esta negra hermosa tuvo que viajar a Italia y a Puerto Rico, para consolidar su carrera deportiva, tal como le ha ocurrido a Nairo Quintana, a Fernando Gaviria y a muchos otros que han puesto muy en alto la bandera nacional en el exterior.

Gracias a ellos podemos sonreír con orgullo, sacar pecho y sentirnos inmensos.

No importan los huecos fiscales, la inmensa deuda externa, por las que no hay nadie preso ni investigado; no importa el desgreño administrativo ni la eficiencia en el sector público.

No importa el desmedido apetito por la “mermelada” por parte de algunos políticos que todavía quieren seguir obteniéndola con la maldita estrategia de “mamarle gallo” a los proyectos de reforma política, reforma a la justicia y a la de anticorrupción, como una forma de presión a ver si de pronto este nuevo gobierno cae en la tentación de seguir por ese nefasto rumbo de la infamia, de la inconformidad de la población y de la rabia en general, que afecta al país.

Un tal Chacón, presidente de la Cámara de Representantes, hombre de confianza del partido Liberal, César Gaviria, es uno de aquellos que, de pronto por tener rabo de paja, archivó la reforma a la justicia para que ésta siga siendo politizada y sesgada. Triste.

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