Se veía venir. Petro ya lo había anticipado. Desde hace meses acusaba el sistema electoral, lo acosaba, lo vilipendiada.
Era como si supiera que su heredero perdería la elección. Y tenía listo el relato, su acostumbrada narrativa, su pataleo, a ver si le cuaja. No quiere reconocer que Colombia no es comunista ni cree en sus narrativas falsas.
Que esa ideología es una farsa, salvo en pocos países donde existe gracias al totalitarismo de muchos años.
La excepción es la China gracias a que le metieron capitalismo y a un visionario economista—Deng Xiaoping--.
La sensación maluca del país, en una inmensa mayoría, es que estos personajes no se quieren ir, no quieren entregar el poder.
Están contentísimos con ese potro. Y también tienen temor, indudablemente. Saben que sus relaciones no sanctas los tienen en ascuas.
Saben que les van a remover el manejo presupuestal, la forma en que los dineros públicos se perdieron en un camino retorcido.
Se les viene, posiblemente, acusaciones por crímenes de lesa humanidad por los muertos causados con el mal servicio de las EPS intervenidas por Petro, incluida la tenebrosa Nueva EPS (antiguo seguro social), y por la miserable negación de los medicamentos formulados para tratamientos médicos.
Y la cuestionada eliminación paulatina de la producción de petróleo y el cierro de la producción del gas, comprado a Venezuela a precios tóxicos.
Seguramente quería que regresáramos al uso del carbón. Quiso acabar con los empresarios a punta de exagerados impuestos y asfixiarlos con el salario mínimo, como Chávez en Venezuela, pero los empresarios comprendieron la malévola intención (Petro no lo hizo por amor, quería muchos votos) y los que hacen empresa aceptaron sin ningún reparo.
Asimismo, deben estar preocupados por posibles quebrantamientos de los códigos disciplinarios pues se dedicó este gobierno a irrespetar a los jueces y Cortes y a incumplir fallos de diferente índole, así como a nombrar a personas sin perfil ni experiencia.
Igualmente, puede ser que se le investigue por la razón de menoscabar y deprimir el presupuesto y funcionamiento de las FF.AA., que permitieron el fortalecimiento de fuerzas irregulares desmesuradamente, causando un deterioro indudable del orden público con muchos muertos incluidos, con ministro de defensa perfilado ideológicamente.
Pero también puede ser que empiecen a investigar a muchos personajes que en los últimos tres años cambiaron su estatus económico pasando de estrato popular a estrato medio o alto, muchos congresistas de todos los colores.
Lo que sucedió el 31 de mayo del año en curso, era predecible. La gente tenía sensaciones preocupantes, un panorama oscuro. Dios quiera que tengamos una transición democrática, sin lucha de clases ni aspavientos.
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