El mito narra que Casandra al negarse a satisfacer las proposiciones sexuales del dios Apolo fue castigada de manera singular.
Le fue conferido el don de predecir el futuro, pero con la maldición de que ningún mortal creyese en sus augurios.
Fue así como la desdichada chica advirtió a sus padres al nacer su hermano que éste traería consigo la desgracia para todo el reino: la amurallada Troya.
No le creyeron y el hermanito convertido en hombre se enamoraría de una hermosa reina ajena, la secuestraría e iniciaría una guerra que Homero cuenta que duraría diez años y en la que entablarían batalla mortales e inmortales.
También la infortunada Casandra previno las desgracias que se desencadenaron cuando fue introducido a la ciudad el caballo de madera.
La pobre pitonisa fuera de ver como Troya ardía en llamas termina siendo botín de guerra del victorioso rey de los griegos.
Pero la desgracia no termina ahí para ella.
El vencedor soberano se enamora perdidamente de la adivina, se la lleva a su país donde una celosa reina termina asesinándolos a los dos.
Recuerdo el mito de Casandra a propósito de las muchas advertencias que se expusieron y pronosticaron cuando se justificaba votar el No en el pasado plebiscito.
Muchos entonces jamás creyeron… Hoy los hechos hablan por sí mismos.
Y ahora una espesa nube negra se cierne sobre nosotros: la amenaza del Socialismo del siglo XXI. Empezaron a escucharse palabrejas similares a las que desencadenaron la pesadilla de nuestros vecinos, y me refiero a los “Exprópiese” que vociferaba a grito herido el difunto comandante.
¿Será que permitimos que nos metan el caballo?
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