Abril sin réquiem

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Abril nos recuerda las tres misiones que deberíamos cumplir todos los seres humanos: escribir un libro, tener un hijo y sembrar un árbol. Precisamente, el 23 es el día del libro, el 24, del niño y el 29, del árbol.

Actualmente hay crisis bibliográfica porque el Internet compite con el libro. La población infantil ha diezmado por la falta de procreación debido a la planificación y cambio de costumbres entre las parejas. Y paradójico, mientras rigen dos decretos ministeriales que homenajean al árbol, la deforestación campea a lo ancho del territorio. En otrora escribir un libro era una odisea y publicarlo casi imposible. Los escritores eran verdaderos titanes con sus máquinas de escribir luchando contra las páginas en blanco. García Márquez rompió más de tres mil páginas que no le parecieron fecundas para su novela cumbre. Ahora es fácil porque el computador plasma, remueve, pega y cambia frases a nuestro antojo. Pero es riesgoso procrear hijos por la falta de empleo y de políticas sociales que protejan a las madres y garanticen la alimentación y la salud de los niños.

Hoy las escuelas ya no enseñan a sembrar, olvidan el día del árbol a pesar de que dos decretos, 1340 de 1941 y 1333 de 1942, ordenan que el 12 de octubre cultiven árboles en sus localidades y que el 29 de abril celebren que Antonio Nariño plantó el Árbol de La Libertad. Hace medio siglo siquiera asumíamos las misiones de fecundar y reforestar. Pero no le sentenciemos ningún réquiem a las celebraciones de abril. Mejor cantemos “Cantares” con Joan Manuel Serrat.

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