A partir del dieciséis de noviembre los establecimientos de esparcimiento deberán exigir a sus visitantes el carné de vacunación donde se certifique al menos que su portador cuenta con la primera dosis de la vacuna contra el Covid 19… ¡En pocas palabras, el que no esté vacunado no tiene derecho a divertirse!
Así las cosas, los reacios no podrán disfrutar de ningún evento presencial público o privado, ni asistir a ninguna de las diferentes actividades de ocio donde haya congregación de público.
Conozco a muchos renuentes. Incluso confieso con vergüenza que hasta me hicieron pensar más de una vez si me vacunaba o no. Sin embargo, hoy con mi esquema completo de vacunación, escucho nuevamente sus argumentos con beneficio de inventario. Tengo unos amigos lunáticos que hablan y escriben todo el día sobre una Gran Conspiración. Para ellos la vacuna contiene un chip con el cual controlarán nuestro pensamiento y emociones. ¡Como si los celulares y las redes sociales ya no lo hicieran!
Otros amigos, más religiosos que los primeros, se oponen por su fe. Respetable, aunque cuando escucho su explicación de que las vacunas contienen tejidos de fetos, tuerzo la boca.
Otros temen que la vacuna los haga infértiles, pero no desean bebés. Y finalmente están los que no creen en la efectividad de la inoculación y quienes, por haber tenido la enfermedad, se sienten consecuentemente vacunados.
Pero como reza el refrán: “Donde manda capitán no manda marinero” a todo este conjunto variopinto de rebeldes les queda dos opciones: o se vacunan y disfrutan de las actividades de ocio o continúan con sus opiniones y se abstienen del esparcimiento.
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar






