La crónica de Gardeazábal

Acto masturbatorio

Gustavo Alvarez Gardeazábal

Tiene que ser muy grave el contenido de los artículos mediante el cual se va a aprobar una reforma al sistema electoral colombiano para que dos personajes tan diferentes, y de vertientes tan opuestas, coincidan en denunciar su peligrosidad.

Vargas Lleras, el candidato presidencial coscorreonado miserablemente y el Procurador Carrillo,monaguillo de toda boda a lo largo de su vida,han calificado como adefesio y fuente de toda corrupción ese mamotreto que los congresistas se disponen a aprobar.

El no haber podido leer en detalle todos los artículos, tal cual como han ido quedando en esta maratónica pero inverosímil jornada virtual del Congreso,podría inhibirme de emitir un juicio razonado sobre el esperpento con que se pretende imponerle al país un camino muy torcido y así dizque abrirle paso luego de la pandemia a una presunta nueva normalidad,dictatorial y abusiva, que determine cómo van a elegir y ser elegidos de ahora en adelante los administradores del estado.

El solo hecho de que artículo discutido sea artículo aprobado, pero automáticamente pueda a su vez ser derogado o modificado por el ejecutivo, da la medida del monstruo frankensteiniano que el director del magazín de televisión de las 6 de la tarde apoya que se apruebe en el Congreso.

Votar una ley, pero al mismo tiempo dotar de plenos poderes a quien la sanciona para modificarla cuando y como quiera, es a todas luces un acto masturbatorio y Colombia no está, a estas horas de su vida republicana, para sostener a altísimos costos un Congreso que en vez de hacer leyes bien hechas prefiera,como se dice vulgarmente, hacerse la paja en público para quedar satisfecho burocráticamente.

Porque no nos metamos mentiras, la ley de reforma electoral, tal cual está concebida y ha sido discutida, ha venido consiguiendo mayorías porque los simoníacos congresistas han sido testigos de por lo menos 150 nuevos nombramientos en la Registraduría en lo que va corrido de este año de horrible pandemia. Y como lo que saldría de esa nueva ley es una burocracia casi ilímite, el Registrador quedaría convertido en un nombrador de puestos más gigantesco que el Contralor o el Procurador.

Por supuesto, canjear el voto ha sido un mal inherente a la tal democracia que heredamos de los griegos y lo han cometido desde Simón el Mago ,que pretendió comprar el Espíritu Santo, como Abraham Lincoln que logró amansar al congreso gringo. Pero que ahora nos vayan a feriar nuestra ya maltrecha estructura democrática por pingües satisfacciones de 300 congresistas, resulta siendo más ridículo que pagar en una casa de lenocinio para que lo vean masturbarse.

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