Cali, abril 3 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 1, 2026 21:04
Colombia cerró el año 2025 con un déficit en cuenta corriente (DCC) equivalente al 2,4% del PIB, según cifras del Banco de la República analizadas por Credicorp Capital.
Aunque el resultado se mantiene dentro de límites considerados manejables, representa un deterioro frente al 1,7% observado en 2024 y genera interrogantes sobre la sostenibilidad del financiamiento externo de cara a 2026.
El principal factor detrás del repunte del déficit fue la ampliación del saldo negativo en la balanza comercial de bienes, que ascendió a USD 14.871 millones.
Esto se explicó por un crecimiento del 10,1% en las importaciones (USD 66.329 millones), superior al leve aumento de apenas 0,8% en las exportaciones (USD 51.496 millones).
En este rubro, destacó el retroceso de las ventas externas de crudo y carbón, que no fue compensado del todo por la mejora en productos como café, productos industriales y oro.
El informe también advierte sobre un deterioro en los términos de intercambio, aunque con matices: si bien el país experimentó una mejora del 3% gracias a precios implícitos de exportación más altos y precios de importación más bajos, el efecto sobre la balanza comercial fue insuficiente para contener el déficit.
En 2025, la cuenta de renta primaria (que mide flujos de ingresos por inversión y pagos de intereses) presentó un déficit de USD 12.446 millones, una reducción de USD 391 millones frente al año anterior.
Este alivio fue atribuido a menores pagos netos de intereses de deuda externa y a una baja en las utilidades repatriadas por empresas extranjeras, especialmente en sectores como petróleo, minería y transporte.
Sin embargo, este respiro puede ser temporal. La menor rentabilidad de las inversiones en sectores clave se relaciona con incertidumbre regulatoria y cambios en la política pública —factores que, si persisten, podrían afectar la inversión extranjera directa (IED) futura.
La renta secundaria, impulsada principalmente por remesas de trabajadores, volvió a jugar un papel amortiguador en las cuentas externas.
En 2025, estos flujos alcanzaron un récord de USD 13.098 millones, lo que representa el 2,9% del PIB. Si bien estos ingresos ayudan a sostener el consumo agregado, el informe advierte que pueden generar una falsa sensación de estabilidad, al enmascarar deficiencias estructurales como la baja productividad y dependencia de ingresos externos.
La inversión extranjera directa totalizó USD 11.469 millones en 2025, por debajo de los USD 13.684 millones de 2024. No obstante, esta cifra fue suficiente para cubrir el déficit en cuenta corriente por tercer año consecutivo.
Credicorp estima que este comportamiento se repetirá en 2026, pero advierte que la caída en la IED neta —alrededor de USD 7.100 millones frente a USD 9.100 millones en 2024— debe ser monitoreada, ya que refleja una menor confianza de largo plazo.
Para 2026, Credicorp proyecta un deterioro adicional del déficit hasta el 3,1% del PIB. Este aumento estará enmarcado en un entorno fiscal expansivo, con posibles riesgos políticos y de credibilidad.
Aunque se espera que la IED continúe cubriendo la brecha, el margen de maniobra es estrecho y dependerá en gran medida de la confianza externa en las políticas macroeconómicas del país.
Se puede concluir que aunque el nivel actual del DCC no representa una alarma inmediata, su tendencia al alza y la caída en flujos estructurales como la inversión directa configuran un panorama incierto.
Será fundamental monitorear el entorno fiscal, la dinámica de importaciones y la evolución del ingreso de remesas para evitar presiones cambiarias o ajustes abruptos en la balanza de pagos.
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