Cali, junio 4 de 2026. Actualizado: miércoles, junio 3, 2026 22:55
Redacción: Javier Baquero – Jaba
Foto: Erick Cuatepoctzo – www.voyalostoros.com
En tarde de bochorno, con lluvia desde la una de la tarde y luego de un trabajo impecable de los monosabios de la plaza para recuperar el ruedo que recibió agua a “mares” se cumplió con quince minutos de retraso el festejo anunciado en la Feria de Cali.
Se lidió una corrida de pocas carnes, lo cual fue extraño en la casa de Guachico. Tenían cara en abundancia. El quinto permitió el gran triunfo de la tarde a cargo de Emilio de Justo.
El extremo abrió plaza con negro veleto y cariavacado ejemplar. Con la capa poco y ya con la pañosa correcto con ambas manos, el torero y apenas con obediencia. Bien el torero, pero sus ejecutorias perdían valor de fondo por la presencia del Guachico.
La espada encontró hueso en su primer viaje, luego corrigió y finiquitó sin mayores problemas. Palmas cariñosas.
Con el cuarto, António retornó al ruedo para lancear discretamente a un castaño y armado toro que echaba la cara arriba.
Con la pañosa las cosas se tomaron camino de salida por las condiciones inciertas del toro. La espada con recurso luego de dos pinchazos para salir del paso. Pitos al toro y saludo en el tercio para el extremeño.
En segundo lugar, De Justo lanceó a uno con más movilidad, veleto de pitones e igual escasez de carnes. Bien con el percal. Con la muleta templó en tandas largas y enjundiosas, estructurando una faena sólida y mucho arte, sobre todo por el pitón izquierdo, sin desconocer que el derecho también entregó materia. La faena se cerró con una muy buena estocada. Una oreja al esportón.
Para el quinto, Emilio lanceó un burraco que llevaba potencia en las embestidas para decorar unas madrinas verónicas.
Con la muleta De Justo dosificó la dosis y formuló tandas de buena factura. Derechazos, incluso al natural, acompañando siempre las buenas embestidas del Guachicono. La música ajustó notas con el andar del toro. Notas que Emilio tocó una a una. Fue considerado de buen torear, haciendo que en los tendidos se vieran pañuelos blancos pidiendo el indulto.
Emilio hizo caso omiso y llevó la estada a las carnes para pinchazo y estocada corta eficiente. Petición unánime, dos orejas y vuelta al ruedo al toro.
Con pocos lances midió a un castaño, chorreado, también con kilos justos, lanceó a uno que llevaba “flojos sus remos delanteros”.
Con la muleta, Sebastián nos entregó una faena muy técnica, dejando la muleta en la cara del toro. La faena estructurada y con una métrica ajustada a las condiciones del toro. La espada con sello de media lagartijera muy efectiva. Una oreja muy justa.

Cerrando el festejo salió uno de embestidas a media altura y con la búsqueda de musarañas en el aire, al que Ritter lanceó correctamente; no bajaba la cabeza.
El colombiano brindó a Manuel de Jesús El Cid, que ocupaba un palco de la plaza. Con la muleta el toro pasaba sin calidad y dando trabajo al torero.
Una faena de tránsito frente a un complicado y deslucido ejemplar. Hubo voluntad y ejecutorias con ganas de agradar con uno que no lo permitía. La espada marcó un pinchazo y luego un trayecto total. Palmas cariñosas y de respeto.
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