Cali, agosto 1 de 2026. Actualizado: sábado, agosto 1, 2026 00:22
Si bien la solución a los problemas financieros es muy importante, la calidad del servicio no puede ser asunto secundario.
El colapso del sistema de transporte masivo -la falta de frecuencia, las deficiencias de cobertura y, por consiguiente, la insatisfacción de los usuarios- no es una situación exclusiva de Cali.
Es tal la magnitud del problema que fue motivo de un examen exhaustivo durante el undécimo Congreso Nacional de Infraestructura, que se llevó a cabo la semana pasada en Cartagena. Lo triste del asunto es descubrir, después de oír a los expertos, que la improvisación y el desconocimiento de los administradores son las principales causas del colapso.
La verdad no se dijo nada que los usuarios no supieran. Los sistemas funcionan con inversiones en la flota y un manejo inteligente de la misma. Igualmente, con la integración de varios modos de transporte.
Cali se ha empeñado en luchar contra las busetas y los camperos buscando imponer un sistema que no cuenta con los recursos para satisfacer las necesidades de los usuarios.
Pero, sin duda, el cáncer que carcome a nuestro sistema de transporte es que sus administradores perdieron el foco; sus prioridades se volvieron financieras olvidando que su misión es prestarles un servicio a los ciudadanos.
La equidad social empieza con la calidad de vida. Cali no puede seguir indolente ante quienes viven como un martirio su transporte diario.
En buena hora esta semana la Superintendencia de Transporte evaluará los sistemas en todo el país. Tal vez es momento de que el Gobierno nacional los intervenga e implemente soluciones integrales.
Sobre todo teniendo en cuenta que vía Conpes se autorizó un billón de pesos para mejorar la infraestructura de transporte y que, por su impacto social, se justifica que buena parte de estos recursos se invierta en viabilizar los sistemas masivos.
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