Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Legítima narradora epistolar

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

San Pablo escribió epístolas morales a los corintios.

Los libertadores y los primeros estadistas de la Gran Colombia se dirigieron cartas que contenían estrategias militares y mensajes de gobierno.

Hoy hallamos editoriales que ofrecen las más bellas cartas de amor intercambiadas por amantes famosos, por ejemplo, entre Manuelita Sáenz y Simón Bolívar.

Otra editorial, publicó las cartas del boom, que intercambiaron Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa, donde se confiaban textos literarios y críticas mutuas.

También hay cartas de viajeros que narran y describen las ciudades donde pernoctaron. Esas cartas pueden leerse con simple ánimo voyerista, otras veces, para contextualizarlas.

Tengo algunas cartas bibliográficas, que pocas veces comparto en las tertulias pues no interesarían a nadie.

Si a las cartas no les hallo sentido narrativo, no las estimo literatura epistolar. Juan Esteban Constaín, publicó “Cartas abiertas”, la novela que estructuró tras el ejercicio de organizar unas cartas intimas que rescató entre baúles familiares y logró darles sentido, como los antiguos relojeros lo hacían al sincronizar las piezas y le devolvían vida a los relojes de cuerda ya desechados.

Meritorio el experimento literario de Constaín. En la FilCali, Vera Carvajal, me sorprendió sobremanera con “Catavento, Girassol y el Telegrafista”, la novela que estructuró con cartas ficcionales de su autoría, que parecen reales o viceversa, teniendo en cuenta que son autobiográficas.

Cuando tomé el libro creí alzar un puñado de cartas conservadas impecables, su diseño es similar al sobre que otrora usábamos para mandar cartas. Vera, con sus cartas narra la historia de una joven asilada.

¡Qué talentosa: narradora, personajes, tiempo y espacios, implícitos. Legítima narradora epistolar.

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