Jaime Alberto Leal Afanador

¿Qué y cuánto acumular en la vida?

Jaime Alberto Leal Afanador - Rector UNAD

Piense: ¿Qué le encanta guardar, reunir, coleccionar, acumular…?

Es difícil decir “nada”, pues todos, de distintas maneras, acumulamos algo: Objetos materiales, conocimientos, acciones o recuerdos que terminan siendo parte de una especie de patrimonio personal.

Me refiero al cúmulo de las cosas que más valoramos y que, consciente o inconscientemente, les damos un enorme valor.

Desde simples objetos, a veces corrientes, pero de gran aprecio para quienes ahorran o se esfuerzan para tenerlos.

Mire en su armario, escritorio, garaje, biblioteca o las habitaciones y seguramente hallará zapatos, bolsos, corbatas, camisetas de equipos, latas de cerveza, monedas, álbumes, esferos, relojes o perfumes, llaveros.

Quienes tienen un mayor poder adquisitivo, posiblemente sumarán carros, motos, propiedades, obras de arte, metales preciosos…

No es lo mismo coleccionar productos, únicos en su especie o no, que acumular (sumar y sumar productos, no importa si son repetidos), aunque ambos coinciden en el deseo de sentirse dueño único de algo y, a veces de forma enfermiza y egoísta y de sentir que la existencia vale en la medida en que se tienen más cosas.

¿Tiene algún sentido, por ejemplo, tener 50 pares de zapatos?.

Quien acumula para contemplar, exhibir o completar una colección, entre otros, debe ver los objetos como lo que son: medios, instrumentos, cosas que se producen y que pueden desaparecer, pero que no son la vida misma.

Quienes se desequilibran porque no obtienen o pierden algo material de su colección, dan a los objetos un inmerecido valor, y, paradójicamente, mientras más acumulan, más esclavos se vuelven.

A estas personas les pasa lo que dice el novelista norteamericano, Chuck Palahniuk, “lo que posees termina poseyéndote”.

Delegan su vida a lo material y no apuestan por lo trascendental. ¿Perderá sentido la vida de quien solo ahorra para coleccionar camisetas autografiadas por futbolistas, y que se pierden luego en un robo o un incendio?

La verdadera medida de tu riqueza es cuánto valdrías si perdieras todo tu dinero”, Anónimo.

En sentido contrario Agustín de Hipona nos enseñó que “no es más rico quien más tiene, sino quien menos necesita”.

Porque la vida es simple y se orienta por reglas básicas: Haz el bien y evita el mal; rodéate de personas de valor; piensa en el otro como si fueras tú; trata con respeto y aprecio a los demás; disfruta el momento; construye tus propósitos paso a paso….

Todos sumamos algo. Hasta muchos de quienes se describen como seres desprendidos de lo material y dicen no acumular objetos (como discos, platos decorativos, pesebres, muñecos, instrumentos musicales, etiquetas…) terminan acumulando tesoros (ojalá todos lo hiciéramos) inmateriales más valiosos.

Dichos tesoros no siempre se obtienen con dinero ni se acumulan de un día para otro, y a lo largo de la vida adquieren más valor y sentido que cualquier colección de autos.

Me refiero, por ejemplo, al mayor conocimiento, con estudios formales o autoaprendizajes; al afianzamiento de relaciones sociales con una amplia red de amigos; al envejecimiento con envidiable salud por el autocuidado; a la vida reflexiva y controlada por el cultivo del carácter; al crecimiento intelectual, y, en general, al cúmulo de bellos recuerdos que, en últimas, permitirán mostrar para cada existencia un balance personal positivo.

Eso sí, ¡cuidado! no todas las acumulaciones de objetos, inversiones o acciones son constructivas.

¿De qué sirve, además del costo en tiempo y dinero, tener artículos electrónicos, muebles, juguetes, libros o ropa, entre otros, que una vez, o nunca, se han usado?, o ¿de qué sirve haber pasado mucho tiempo en relaciones superficiales o tóxicas, en un activismo sin sentido, en rutinas desagradables, en promesas sin cumplir o en seguir la conducta de alguien de la que luego nos arrepentimos?.

En cada momento, idea, acción e interacción tenemos la oportunidad de elegir si lo que saldrá de allí nos dará más experiencia, riqueza y valor como persona.

Muchas veces nos equivocamos en la decisión. Somos humanos. Pero cuando tenemos la oportunidad de repetir o no una situación ya vivida, está en nuestra inteligencia y corazón tomar la mejor opción.

No siempre sumar objetos o experiencias es positivo, pero siempre pensar en sí mismo y en los demás, dará valor.

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