Cali, julio 10 de 2026. Actualizado: viernes, julio 10, 2026 18:07

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Anticuerpos conjugados, terapias celulares y medicina de precisión, marcan el futuro de la oncología

Del miedo a la esperanza: así está cambiando la lucha contra el cáncer

El cáncer dejó de ser visto como una única enfermedad y hoy la ciencia avanza hacia tratamientos cada vez más personalizados, capaces de atacar con mayor precisión las células tumorales, reducir efectos secundarios y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

La detección temprana, los anticuerpos conjugados, las terapias celulares, la investigación en vacunas y la oncología preventiva hacen parte de una nueva etapa de la medicina que busca cambiar la historia de miles de personas.

Sobre estos avances, los retos que aún existen y la importancia de perderle el miedo a hablar del cáncer, dialogamos con Sergio Cervera Bonilla, líder quirúrgico de la Unidad Funcional de Cáncer de Mama de la Fundación CTIC, Centro de Tratamiento e Investigación sobre Cáncer Luis Carlos Sarmiento Angulo.

¿Se puede seguir viendo el cáncer como se veía antes o ha cambiado la manera de entender esta enfermedad? ¿Cómo ha evolucionado esa mirada?

Creo que cada vez somos más conscientes de que el cáncer es una realidad que puede tocar la vida de cualquiera de nosotros.

Todos, en algún momento, podemos estar en riesgo de desarrollar algún tipo de cáncer, porque se trata de una enfermedad asociada también a los procesos de envejecimiento de las células.

Si vivimos más tiempo, nuestras células atraviesan cambios naturales; sin embargo, en ese proceso pueden presentarse alteraciones o mutaciones que eventualmente pueden transformarse en cáncer.

Esto está relacionado con el envejecimiento, pero también con nuestros estilos de vida.

Al tener una mayor conciencia sobre el cáncer, las personas entienden más la importancia de detectarlo a tiempo y de realizarse los estudios necesarios.

Más que hablar únicamente de prevención, en muchos casos hablamos de diagnóstico oportuno.

Los tipos de cáncer más frecuentes, como el cáncer de mama, el cáncer de próstata en los hombres, el cáncer de colon o el cáncer de cuello uterino, cuentan hoy con estrategias de detección temprana precisamente por su alta incidencia.

Cuando estas enfermedades se identifican en etapas iniciales, la probabilidad de curación puede ser muy alta.

¿Nuestro sistema de salud ha avanzado frente al tema?

Frente a la pregunta de si hemos avanzado, la respuesta es sí. Nuestro sistema de salud, aunque tiene dificultades, permite acceder a muchas alternativas de diagnóstico y tratamiento que antes no existían.

Sin embargo, tampoco podemos desconocer que muchos pacientes enfrentan barreras relacionadas con sus aseguradores como: dificultades para recibir medicamentos, demoras en la atención, retrasos en los exámenes o en los estudios necesarios para completar un diagnóstico.

Todas estas situaciones pueden tener un impacto importante en la evolución de la enfermedad y en la salud de nuestra población.

¿Qué son los anticuerpos conjugados?

Los anticuerpos conjugados son un nuevo tipo de terapia contra el cáncer. Como lo mencionaba durante la presentación, funcionan como una especie de “misil dirigido”.

Uno de los principales retos de las terapias sistémicas tradicionales, como la quimioterapia, está relacionado con los efectos secundarios.

Cuando una persona recibe quimioterapia, el medicamento viaja por la sangre y llega a todo el cuerpo, afectando no solo las células tumorales sino también células sanas.

Por eso aparecen efectos como la caída del cabello, la diarrea y otros síntomas asociados al tratamiento.

Los anticuerpos conjugados con fármacos funcionan de una manera diferente.

Se trata de tratamientos diseñados para llegar de forma más precisa hasta la célula tumoral mediante unas sustancias llamadas anticuerpos, que reconocen características específicas del tumor.

Cuando ese anticuerpo encuentra la célula cancerosa, se produce una interacción que permite depositar directamente la carga del medicamento dentro de esa célula tumoral, buscando reducir la afectación del resto del organismo.

¿Y el efecto espectador?

Un aspecto muy interesante de estas terapias es que, cuando la primera célula tumoral muere, puede generar un efecto sobre las células tumorales que están alrededor.

Esto se conoce como “efecto espectador” (bystander effect), una respuesta que ayuda a ampliar el alcance del tratamiento contra el tumor.

Esta es una de las estrategias actuales y futuras más prometedoras en el manejo del cáncer.

En Colombia ya contamos con algunas moléculas disponibles dentro del sistema de salud, especialmente hablando de cáncer de mama, y esperamos que cada vez existan más alternativas para los pacientes.

Actualmente, muchas de estas terapias están enfocadas en enfermedad metastásica, es decir, cuando el cáncer ya se ha extendido.

El objetivo hacia el futuro es poder llevar estos avances también a etapas más tempranas de la enfermedad, donde se puede aumentar aún más la posibilidad de curación.

Ese ha sido el camino habitual en la evolución de los tratamientos oncológicos: primero se demuestra su impacto en pacientes con enfermedad avanzada y posteriormente se estudia su beneficio en etapas iniciales. Al final, lo que buscamos es que más pacientes puedan curarse y vivir muchos años más con una mejor calidad de vida.

¿Este tipo de terapias ya están disponibles para los pacientes en Colombia?

Sí. Hoy en Colombia ya contamos con este tipo de tratamientos y el sistema de salud tiene acceso a algunas de estas alternativas.

Son terapias nuevas y de alto costo, pero desde el punto de vista médico nuestro enfoque principal está en el beneficio que pueden ofrecerle al paciente, en las posibilidades de mejorar los resultados del tratamiento, aumentar la supervivencia y, en algunos casos, avanzar hacia mayores probabilidades de curación.

Claramente, los temas relacionados con costos, aprobaciones y disponibilidad corresponden a los organismos regulatorios y al sistema de salud.

Sin embargo, una vez estas terapias son autorizadas y se evidencia el impacto positivo que pueden tener, se convierten en herramientas muy importantes.

Hoy podemos decir que son medicamentos que ya tenemos disponibles en Colombia y que podemos administrar a pacientes que cumplen con los criterios médicos para recibirlos.

Se habla mucho de una posible vacuna contra el cáncer. ¿Qué tan cerca estamos de tener una alternativa de este tipo?

Cuando hablamos de vacunas contra el cáncer es importante entender que no existe una vacuna universal para todos los tipos de cáncer.

Cada enfermedad tiene características diferentes y por eso las estrategias deben ser individualizadas según el tipo de tumor y sus particularidades.

En el caso del cáncer de mama, por ejemplo, actualmente hay investigaciones en desarrollo, pero todavía no contamos con una vacuna aprobada para prevenirlo o tratarlo de manera general.

Sin embargo, ya existen ejemplos muy importantes del impacto que pueden tener las vacunas frente a algunos tipos de cáncer.

Uno de los casos más claros es la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH), que ayuda a prevenir el cáncer de cuello uterino.

Esta estrategia inicia desde edades tempranas, alrededor de los 9 o 10 años, antes del inicio de la actividad sexual, porque busca proteger a las personas antes de la exposición al virus.

Ha sido una de las herramientas de prevención que más impacto ha generado.

Un ejemplo es Australia, donde gracias a los programas de vacunación contra el VPH, combinados con estrategias de detección temprana como la citología y otros controles, la incidencia de cáncer de cuello uterino se ha reducido de manera significativa.

Por eso creemos que el desarrollo de vacunas contra diferentes tipos de cáncer seguirá avanzando, pero es un proceso que requiere tiempo, investigación y entender que cada cáncer es distinto.

El futuro apunta hacia tratamientos y estrategias cada vez más personalizadas.

¿En dónde se están desarrollando estos estudios sobre vacunas contra el cáncer?

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Uno de los estudios que mencionaba se está desarrollando en Colombia y es liderado por el doctor Carlos Parra, del Laboratorio de Inmunología de la Universidad Nacional.

Desde la Clínica Universitaria Colombia, donde también trabajo, hemos participado aportando muestras de pacientes para que puedan ser analizadas molecularmente.

La idea es estudiar esas características particulares de los tumores e identificar posibles elementos que, en el futuro, puedan abrir la puerta al desarrollo de una vacuna.

Es importante aclarar que todavía se encuentra en una fase experimental y de investigación.

Sin embargo, en medio de todos los retos que representa una enfermedad como el cáncer, que existan este tipo de iniciativas científicas es muy valioso porque muestran hacia dónde están avanzando las nuevas estrategias de tratamiento.

Otro de los avances de los que se habla son las terapias celulares. ¿Qué son y qué papel pueden tener en el tratamiento del cáncer?

Las terapias celulares representan una de las áreas de investigación y desarrollo más importantes en oncología.

En Colombia, actualmente no contamos con algunas de estas terapias, como las conocidas CAR-T cells, porque requieren una infraestructura tecnológica y médica muy compleja.

Estas terapias comenzaron principalmente en el tratamiento de enfermedades hematológicas, es decir, cánceres de la sangre.

De manera sencilla, cuando una persona desarrolla cáncer, su sistema inmunológico intenta reconocerlo y atacarlo a través de sus células de defensa.

El cuerpo empieza a reclutar células para combatir la enfermedad, pero en muchos casos esa respuesta no es suficiente y el cáncer logra superar esa defensa natural.

Lo que buscan las terapias celulares es tomar esas células del propio paciente que tienen capacidad de reconocer el tumor, modificarlas, cultivarlas o potenciarlas en el laboratorio, y posteriormente devolverlas al organismo para que puedan atacar con mayor fuerza las células cancerosas.

En algunos casos se requiere preparar previamente al paciente mediante tratamientos que disminuyen temporalmente sus defensas, con el objetivo de permitir que esas nuevas células entren y actúen de una forma más efectiva.

En tumores sólidos como el cáncer de mama todavía no contamos con una terapia celular establecida, pero ya existen avances en otros tipos de cáncer como el melanoma, que es un cáncer de piel muy agresivo y que ha sido uno de los tumores que más nos ha enseñado sobre la relación entre el cáncer y el sistema inmunológico.

El melanoma tiene una característica especial: el sistema de defensa del cuerpo puede reconocerlo y atacarlo.

Por eso estrategias como la inmunoterapia han cambiado radicalmente el manejo de esta enfermedad, y actualmente también existen avances con terapias celulares aprobadas por agencias regulatorias como la FDA en Estados Unidos.

Creo que este es parte del futuro del tratamiento contra el cáncer y esperamos que sea un futuro más cercano que lejano.

Sin embargo, todavía son terapias en crecimiento, no son un estándar para todos los pacientes y requieren condiciones muy especiales.

La infraestructura necesaria es alta porque implica procesos complejos: hospitalización, preparación del paciente, medicamentos específicos y vigilancia de posibles complicaciones como toxicidades o infecciones.

En cáncer de mama metastásico, por ejemplo, actualmente existen diferentes líneas de tratamiento.

Generalmente la primera línea suele ofrecer los mayores beneficios y posteriormente se buscan nuevas alternativas cuando la enfermedad avanza.

Por eso, cada nuevo desarrollo abre una oportunidad y representa una nueva esperanza para los pacientes.

En Colombia, por ahora, este tipo específico de terapias celulares aún no está disponible de manera amplia, pero es un campo que sigue evolucionando.

¿Qué significa hablar de oncología preventiva y cuál es su importancia?

La oncología preventiva está relacionada principalmente con la detección temprana.

Significa tomar conciencia de que el cáncer puede aparecer en cualquier persona y que realizar los controles y estudios a tiempo puede cambiar completamente el pronóstico.

En cáncer de mama, por ejemplo, el Ministerio de Salud recomienda la realización de la mamografía a partir de los 50 años.

Sin embargo, desde nuestra experiencia en la Fundación CTIC consideramos importante iniciar los controles desde los 40 años, porque vemos que entre un 17 % y un 32 % de los casos pueden presentarse en mujeres menores de 50 años.

Es una población que también debemos identificar y acompañar oportunamente.

En el caso del cáncer de cuello uterino, contamos con herramientas como la citología y otras pruebas de detección.

En cáncer de próstata, los controles deben considerarse alrededor de los 45 años e incluyen pruebas como el antígeno prostático en sangre y la valoración clínica realizada por el urólogo.

Esa es la esencia de la oncología preventiva: entender que todos podemos tener un riesgo y que la mejor herramienta que tenemos es actuar antes o detectar la enfermedad en sus etapas iniciales, cuando las posibilidades de tratamiento y curación son mucho mayores.

Finalmente, ¿qué significa innovar en cáncer?

Innovar en cáncer significa ofrecer el mejor tratamiento posible, buscando el menor daño y el mayor beneficio para el paciente.

La innovación no se trata únicamente de tener nuevos medicamentos o nuevas tecnologías, sino de lograr que una persona tenga mejores resultados, más oportunidades y una mejor calidad de vida durante su proceso.


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