Cali, julio 1 de 2026. Actualizado: miércoles, julio 1, 2026 20:43

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Salud emocional

¿Por qué nos enfermamos más cuando estamos tristes? La conexión entre las emociones y las defensas del cuerpo

Casi todo el mundo ha vivido una experiencia parecida.

Después de una ruptura amorosa, una pérdida familiar, una etapa de mucho estrés o varios meses de tristeza, aparece una gripe, una infección, un problema digestivo o algún malestar físico inesperado.

Durante años se pensó que era una coincidencia, pero la ciencia ha demostrado que las emociones y el sistema inmunológico están profundamente conectados.

Hoy los médicos saben que el cuerpo y la mente funcionan como una sola unidad.

Lo que sentimos emocionalmente puede influir directamente en nuestra salud física, nuestras defensas y nuestra capacidad para enfrentar enfermedades.

Cuando una persona atraviesa periodos prolongados de tristeza, ansiedad o estrés, el organismo activa mecanismos biológicos similares a los que utilizaría frente a una amenaza física.

El cerebro libera hormonas como el cortisol y la adrenalina para ayudarnos a responder a situaciones difíciles.

El problema aparece cuando estas sustancias permanecen elevadas durante semanas o meses.

En pequeñas cantidades, el cortisol es necesario para la vida.

Sin embargo, cuando se mantiene elevado de forma constante puede afectar el funcionamiento normal del sistema inmunológico.

Las defensas se vuelven menos eficientes y el organismo pierde capacidad para responder adecuadamente frente a virus, bacterias y procesos inflamatorios.

Por eso muchas personas notan que comienzan a enfermarse con mayor frecuencia durante momentos emocionalmente complejos.

La tristeza también puede modificar hábitos fundamentales para la salud.

Es común que quienes atraviesan un duelo o un episodio depresivo duerman peor, se alimenten de forma inadecuada, reduzcan la actividad física o se aíslen socialmente.

Todos estos factores terminan debilitando aún más las defensas.

Algunos estudios incluso han encontrado que las personas que experimentan altos niveles de soledad tienen un riesgo mayor de desarrollar enfermedades cardiovasculares, problemas metabólicos e inflamación crónica.

El intestino también desempeña un papel importante en esta relación.

Actualmente se sabe que existe una conexión permanente entre el cerebro y el sistema digestivo.

Cuando las emociones se alteran, el intestino suele ser uno de los primeros órganos en reaccionar.

Dolor abdominal, diarrea, estreñimiento, inflamación y cambios en el apetito son manifestaciones frecuentes durante periodos de sufrimiento emocional.

La buena noticia es que el proceso también funciona en sentido contrario.

Las emociones positivas, el apoyo social, la actividad física y los hábitos saludables ayudan a fortalecer las defensas y mejorar la capacidad de recuperación del organismo.

Por eso los especialistas recomiendan cuidar la salud emocional con la misma seriedad con la que se cuida la presión arterial o el colesterol.

Hablar de lo que sentimos, buscar apoyo cuando sea necesario, mantener vínculos afectivos sanos y realizar actividades que generen bienestar no son simples caprichos. Son herramientas de salud.

Porque muchas veces la mejor medicina para el cuerpo comienza atendiendo las necesidades del corazón.


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