Carmiña Navia Velasco

Yolanda Delgado

Carmiña Navia Velasco

Estamos despidiendo esta semana a una gran mujer, a una gran amiga… una mujer valiente.

Cuando supo su diagnóstico: Cáncer de páncreas, rechazó intervenciones sofisticadas y estrategias engañosas y dolorosas; sólo cuidados paliativos y una muerte digna que le permitiera despedirse de la vida en calma, en serenidad y con sus cinco sentidos en ejercicio.

Nos dio un ejemplo de valentía, grandeza y generosidad; no quiso someter a los suyos a curvas infinitas que al final tendrían el mismo resultado: la partida.

Sin embargo un comité médico en Imbanaco le negó el derecho a la muerte asistida a pesar de estar reconocida por ley en Colombia y tener todo en orden para acceder a ella.

Yolanda fue mi amiga (lo es aún), mi alumna, mi compañera de ejercicios poéticos. La conocí rondando sus 60 porque ella con sus nortes muy claros entró a estudiar literatura en la Universidad del Valle, más allá de la mitad de sus días.

Con ese carácter claro y decidido, determinó que la última etapa de su vida estaría dedicada al estudio y a la escritura.

Fue esposa y madre con absoluta dedicación y entregó al mundo dos hijos que hoy son el orgullo de los suyos y de lo medios en los cuales se mueven.

Cuando estos ya caminaron solos por el mundo, la madre retomó su vocación semidormida y se dedicó de múltiples maneras a las letras.

En las aulas de la Universidad del Valle se dio con pasión a las lecturas y ejercicios críticos.

Virginia Woolf, Margarita Yourcenar, Irene Nemirovski, Almudena Grandes, Simone de Beauvoir… la fascinaron.

Igualmente Rosario Castellanos, Laura Restrepo, Blanca Varela, Alfonsina Storni… Todas ellas y más, se convirtieron en sus maestras y la guiaron en su incursión aparentemente tardía al mundo literario.

Proyectó sus saberes y su pasión en los talleres de escritura que siempre promovió y acompañó, particularmente en El Palabreo su espacio prioritario, taller poético y creativo que dirigió hasta sus últimos días.

Escribió al menos un par de muy buenas novelas inéditas, pero su mayor fuerza es indiscutiblemente, la calidad inmensa de su poesía, la mayor parte de la cual espera aún su publicación.

Yolanda Delgado fue una gran poeta: la fuerza y originalidad de sus metáforas obliga a sus lectores y lectoras a situarse ante la realidad de otra manera, se les rompen los diques y son llevados a un universo inédito que descubre horizontes infinitos.

Leer la poesía de Yolanda es adentrase en una potencia arrasadora que obliga a retomar toda nuestra relación con el lenguaje.

Esta amiga rebosaba de vida como nos lo muestran sus propias palabras que transcribo como final de este homenaje:

FUI BENDECIDA

Cuando Dios llenó mis ojos de luz

y me puso frente al mundo me bendijo

Cuando me llenó de palabras, deseos

me entregó al amor y al dolor me bendijo

me regaló la noche llena de astros y estrellas

me dio el claro amanecer

sol para alumbrar el día

me mostró la tierra

el agua las semillas

vi germinar la vida y Dios me bendijo

Cuando en las aguas afloraron los lotos

las montañas se bañaron de nieve o fuego

corrieron los ríos por sus cauces

se iluminaron los girasoles

y la tierra se llenó de piedras y flores

Dios me bendijo

Hoy me da un dolor profundo

una hora desesperada

pero lo siento a mi lado

y me inclino para recibir su bendición.

Amiga: Tú y tu poesía vivirán con nosotros y nosotras. Desde aquí te despido con el corazón.

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