Cali, junio 12 de 2026. Actualizado: viernes, junio 12, 2026 22:46
La Organización Meteorológica Mundial, OMM, informó que existe un 80% de probabilidad de que se desarrollen condiciones asociadas a El Niño entre junio y agosto de 2026.
La entidad también indicó que esa posibilidad aumentará hasta un 90% en los meses posteriores, un escenario que mantiene la atención de gobiernos y organismos internacionales por los efectos que este fenómeno puede generar en distintas regiones del planeta.
La advertencia cobra relevancia porque la influencia de El Niño se extiende mucho más allá del océano Pacífico, donde se origina.
De acuerdo con la OMM, este patrón climático tiene la capacidad de alterar condiciones meteorológicas en diferentes continentes y afectar sectores clave como la agricultura, el suministro energético, el comercio, los recursos hídricos, las cadenas de suministro y los medios de vida de millones de personas.
Celeste Saulo, secretaria general de la OMM, explicó que esta actualización resulta fundamental debido a que El Niño es un factor determinante en los patrones meteorológicos y climáticos a escala global.
Por esa razón, el monitoreo permanente y la difusión de información oportuna adquieren un papel estratégico para facilitar la toma de decisiones.
Uno de los aspectos que genera inquietud entre los especialistas son las temperaturas registradas en el océano Pacífico tropical.
Según la OMM, algunas lecturas muestran valores hasta 6 °C por encima de la media, una condición que podría alimentar este episodio y aumentar los impactos asociados en comunidades vulnerables.
La organización recordó que el último fenómeno de El Niño, registrado entre 2023 y 2024, figuró entre los cinco más intensos de los que se tiene constancia.
Además, contribuyó a los récords de temperatura global reportados durante 2024.
Sin embargo, la OMM aclaró que no existen pruebas de que el cambio climático incremente la frecuencia o la intensidad de los fenómenos de El Niño.
Lo que sí advirtió es que un océano y una atmósfera más cálidos proporcionan más energía y humedad para el desarrollo de fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor y lluvias torrenciales.
Ante este panorama, Saulo insistió en que la ciencia permite anticipar escenarios y mejorar los niveles de preparación.
También destacó la importancia de continuar invirtiendo en herramientas que fortalezcan la respuesta frente a eventos extremos.
La OMM señaló que, junto con los servicios meteorológicos nacionales, continuará supervisando la evolución de las condiciones climáticas para orientar las decisiones de gobiernos, agencias humanitarias y sectores sensibles al clima.
En ese contexto, los pronósticos estacionales y los sistemas de alerta temprana se convierten en instrumentos esenciales para salvar vidas y reducir impactos sobre las economías y las comunidades.
La entidad también recordó que El Niño y La Niña son fases opuestas de la Oscilación del Sur (ENSO), uno de los patrones climáticos naturales más potentes de la Tierra.
El Niño se caracteriza por el calentamiento de las temperaturas superficiales del océano Pacífico ecuatorial central y oriental, suele presentarse cada dos a siete años y puede extenderse entre nueve y doce meses.
Además, los fenómenos ENSO se clasifican como débiles, moderados, fuertes o muy fuertes.
La OMM enfatizó que incluso un episodio moderado de El Niño incrementa la probabilidad de fenómenos meteorológicos y climáticos extremos, razón por la cual insistió en la importancia de la vigilancia permanente y la preparación anticipada.
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