Miguel Yusty

Petro o los delirios de un caudillo

Miguel Yusty

Conversando por estos días con un amigo quien me pidió el favor le explicara qué podía pasar exactamente este próximo 21 de junio cuando, a partir de las 4:00 de la tarde, se inicie el conteo de las elecciones a segunda vuelta y cuando éste termine, más o menos a las 6:30 de la tarde, me tomé el trabajo de compartirle las más o menos 19 columnas que he escrito sobre el torbellino al que nos ha llevado el discurso agitacional del hoy presidente Petro.

Le señalé que en las tres últimas indiqué con precisión cómo reaccionaría, a partir del momento mismo en que la Registraduría termine el conteo de lo votos de la segunda vuelta y de qué manera se comportará Petro, pues ya, con referencia a los resultados de la primera vuelta, es el momento en que todavía no ha reconocido la verdad del resultado y la derrota de Iván Cepeda.

Por el contrario se ha reafirmado en su papel de golpista recurriendo a todas las maniobras, que por derecha y por izquierda desconozcan que efectivamente en esa primera vuelta ganó Abelardo De la Espriella.

Mi amigo detalló una por una las columnas que, como anécdota, se iniciaron el 23 de mayo de 2018, cuando Petro era candidato y afortunadamente derrotado.

Recuerdo que la primera fue proféticamente titulada “Todos menos Petro” y así, sucesivamente he reseñado cada una de sus actuaciones y cómo durante estos cuatro años que ya terminan, se ha convertido “en un verdadero cañengo nacional”.

Los títulos han girado entorno a cómo se disfrazó de insurrecto y durante la administración de Duque montó una verdadera estrategia terrorista tomándose las principales ciudades del país con el propósito de fundamentar la gasolina que después lo llevaría a ser presidente.

Continuó mi amigo afirmándome que al leerlas no le quedaba si no preocupación, pues lo que encontró no era solamente un análisis detallado de las coyunturas políticas.

Era una historia clínica de las que él había conocido en los casi 31 años que lleva de recuperarse del infierno del alcohol y las drogas.

Me indicó que los soportes de los análisis tenían similitudes con los que conoce de las distintas fundaciones en las que se llevan a cabo terapias de recuperación de las adicciones.

Me abrió los ojos espantado afirmando que el país había estado en manos de alguien que había gobernado bajo los acordes de la sobredosis, del síndrome de abstinencia y atormentado por un profundo sentimiento de culpa.

Además profundizó en el tema y leyó la ruta de los trinos, de las declaraciones y de sus discursos en plaza pública y en recinto cerrado y los patéticos y enfermizos consejos de ministros en los que Petro exhibió su inmenso poder ante sus codependientes, que en la literatura especializada representan el círculo de adulación y protección del adicto.

Ante estas conclusiones y pensando seriamente en sus últimas actuaciones que tienen cómo antecedentes su papel protagónico en el Congreso, en la Alcaldía de Bogotá y en estos cuatro años de mandato, me quedan muchos interrogantes que giran todos alrededor de qué manera a partir del 31 de mayo y hasta hoy, el presidente ha elaborado una postura que ha desgastado la candidatura de Cepeda, quebrantado las reglas de juego democrático, dándole un papel preponderante a su negación de la legitimidad de la base fundamental de la democracia liberal, como son sus procesos electorales, sindicándoles de fraudulentos y creándole, no solo al país, sino también a la comunidad internacional, una profunda inquietud sobre si de verdad, en este 2026, el presidente, ya ungido como un cañengo nacional, dará curso no a un desorden cualquiera, si no a un caos, como el que le sirvió en 2021 para ganar la Presidencia y que lo sitúe ante la alternativa de castigar a los colombianos con el inicio de una guerra civil, pues para ello tiene disciplinadas a las primeras líneas, a la Guardia Indígena y a los ejércitos del narcotráfico en municipios y puntos estratégicos que paralizarían el país completo.

La única esperanza que queda en el horizonte es el papel patriótico que deberán cumplir nuestras Fuerzas Armadas, que por mandato de la Constitución, deben defendernos y protegernos a todos los colombianos.

Mi amigo se despidió y me recordó la frase mágica de “solo por hoy” y no se quedó con las ganas de decirme que efectivamente lo que había escrito en mi primera columna sobre Petro era casi que un diseño del devenir nacional, citándome en detalle lo que yo escribiera en el 2018 cuando dije “Petro viene de las profundidades de la Retórica Despótica, me recuerda algunos compañeros de izquierda que en mi juventud fungían de imitadores de Fidel, Lenin y Trotsky… No nos podemos equivocar dándole luz verde al despotismo petrista, pues nos pondríamos a la cola de la historia socavando, en materia grave, la estabilidad de los poderes públicos, pues el proyecto despótico lo revocaría induciendo un golpe de Estado… Petro es una caricatura de Robespierre …

Comments

Cargando Artículo siguiente ...

Fin de los artículos

No hay más artículos para cargar