Me imagino que la fiesta y la algarabía va a durar poco tiempo. Lo acordado en La Habana como terminación del primer punto del proceso para terminar nuestro conflicto armado, ha sido presentado como el gran salto adelante o como el gran milagro, que encauzará a la sociedad colombiana a vivir en paz con el atraso y la inequidad. El presidente Santos nos ha presentado un acuerdo que no es más que un Plan de Desarrollo viable en cualquier situación del presente y el pasado. Es pequeña cosa, al lado de la Ley 200 de 1936, que sí definió un modelo y una ruta para la llamada Cuestión Agraria, tal como la calificaban en los grandes debates los economistas social demócratas europeos.
Nuestras elites gobernantes enterraron la ley de tierras de López Pumarejo y no cumplieron nunca con la tarea de adecuar el sector agrario al desarrollo capitalista, tal como sí lo hicieron los mexicanos en la década del 20 y paulatinamente otros países latinoamericanos. Nuestro atraso y la razón de nuestro conflicto armado, radica en que dejaron en manos de latifundio señorial, la suerte del campesinado y jamás el Estado se decidió en darle curso a cualquiera de los dos modelos que viabilizaron el desarrollo del capitalismo. Lo sucedido después, fue el conflicto de los años 50 entre liberales y conservadores, el surgimiento de la guerrilla campesina y posteriormente una serie de contrarreformas agrarias, que de manera persistente consolidaron el monopolio por parte de latifundistas, de paramilitares y de movimientos guerrilleros que como las Farc, son grandes propietarios, que han expropiado más de 1.600.000 hectáreas. Lo que tenemos, es un acuerdo que no responde a la razón del conflicto, pues deja de lado el tema del latifundio y su ligazón con la economía del narcotráfico.
miguelyusty46@hotmail.com
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