Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Amar los libros

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Iba yo paseando, vidrieras mirando/ Y mientras soñando,/ cuando te vi … Yo me fui acercando, tal vez palpitando/ lo que sentiría cerca de ti” .

La seducción de un libro que quiere complacer la bibliofilia de un lector, o viceversa, es amor a primera vista.

Es una seducción parecida a la de Heleno con la chica de la boutique. Comienza cuando el bibliófilo escoge entre los exhibidos en una librería uno que lo conecte, lo seduzca por su sello editorial y el lugar de origen.

Su vista disfruta con uno especial por su simetría y colores del diseño. Su título es como un piropo. Transpira un perfume que el olfato lector sabe reconocer entre las finas ediciones.

Su oído goza del sonido al pasar sus páginas mirando el índice y los inicios de los capítulos. Habrá un acuerdo de convivencia si el lector promete amarlo, que le buscará un lugar especial en su biblioteca.

Desde el primer día lo tratará con amor: lo tomará con las manos limpias, pasará sus páginas sin lastimarlo y con cautela de no doblar sus bordes.

Tampoco lo subrayará, serían tatuajes grotescos sin su consentimiento. No arrancará ninguna página, sería amputarle partes de su cuerpo. Como verdaderamente ama los libros, jamás lo dejará por uno virtual.

Siempre se acompañará de su libro y este lo entretendrá mientras viaja, hace alguna fila o lee en una tarde apacible.

Quien verdaderamente ama los libros, no dejará pasar los días sin visitarlos, ellos necesitan sentir su tacto, dispuestos a compensar con creces sus caricias. Poseamos sus cuerpos. Amemos los libros sobre todas las cosas.

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