Droga: cada día peor

Si algo nos está haciendo mucho daño en Colombia, aparte del desempleo y el crecimiento económico que se queda en pocas manos, es la droga y sus terribles consecuencias: drogadicción, venganzas, asesinatos, etc. Es impresionante la expansión de este funesto negocio en el interior de nuestro país. Antes, se suponía que no nos preocupáramos porque quienes manejaban o manejan este renglón “empresarial” solo se interesaban por exportarlo, porque las ganancias en dólares y ahora en euros, eran suficientes para enriquecerse ilegalmente pero, ahora, nos inunda el microtráfico en toda la nación, sin que ello preocupe a quienes tienen el poder de preocuparse por todo lo que estamos viviendo los colombianos por esa causa.

Desde 1996, según la Sociedad Colombiana de Toxicología y de otras instituciones, el consumo de droga en Colombia ha tenido un aumento bastante pronunciado, con tendencia a aumentar más. Y eso se lo debemos al exmagistrado y excandidato presidencial Carlos Gaviria Díaz, quien en 1994, siendo Magistrado Ponente de la Corte Constitucional, determinó “que en una democracia no debe privarse de su libertad a quien consume droga, pues el artículo 16 de la Carta Magna consagra el libre desarrollo de la personalidad”.

Pues esa sentencia, indiscutiblemente, con el tiempo, nos está mostrando que las garras de la drogadicción, amén de afectar la personalidad de muchos compatriotas, también es factor indudable de la violencia que tanto nos afecta, pues jóvenes excluidos de las oportunidades sociales que no les brinda el Estado, han adoptado conductas nocivas en perjuicio de los demás. Ese compromiso estatal de educar, prevenir y responder sanitariamente, no funciona en nuestra patria. Y las consecuencias están a la vista: vivimos asustados.

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