Cali, abril 3 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 1, 2026 21:04
Mientras el mundo se obsesiona con dietas keto, intermitentes o veganas, hay un grupo que ha llevado el minimalismo alimentario al extremo: los breatharianos.
Estas personas aseguran que pueden vivir sin ingerir alimentos ni agua, alimentándose solo de energía solar, luz o prana (la energía vital según filosofías orientales).
La breatharianismo no es nuevo. En India, monjes y yoguis han practicado durante siglos el ayuno extremo como camino de purificación espiritual.
Pero en las últimas décadas, esta filosofía se ha globalizado y viralizado, especialmente en redes sociales.
Jasmuheen, una australiana que afirma no comer desde 1993, es una de sus mayores exponentes.
Ha escrito libros, dado conferencias y asegura que su energía proviene de la meditación y la conexión con lo divino.
Otro caso famoso es el del suizo Michael Werner, científico que afirmó vivir años sin alimentos, bajo observación médica parcial.
Los seguidores de esta práctica afirman que el cuerpo, cuando se eleva vibracionalmente, ya no necesita ingerir materia, porque se nutre de la frecuencia de la luz.
En su versión moderada, algunas personas combinan esta filosofía con jugos naturales, ayuno intermitente o contacto diario con el sol al amanecer.
La comunidad científica ha sido críticamente escéptica.
Médicos advierten que no comer puede tener consecuencias letales, y que varios casos de seguidores extremos han derivado en hospitalizaciones e incluso muertes.
El propio cuerpo necesita nutrientes para regenerar tejido, mantener la función cerebral y regular el metabolismo.
Aun así, el breatharianismo sigue atrayendo adeptos.
No tanto por adelgazar (aunque muchos lo intentan por eso), sino por la sensación de purificación, control del cuerpo y elevación espiritual que promete.
En el fondo, representa el sueño de muchos: liberarse de la dependencia material, dominar el hambre, alcanzar la autosuficiencia total.
¿Es real? ¿Es seguro? La ciencia dice que no.
Pero el deseo de elevarse más allá de lo físico sigue siendo, para algunos, más fuerte que el hambre.
Y en un mundo saturado de exceso, la idea de no necesitar nada también se vuelve tentadora.
Este artículo fue elaborado por un periodista del Diario Occidente usando herramientas de inteligencia artificial.
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