Cobertura educativa

Treinta mil estudiantes en riesgo de quedarse por fuera del sistema educativo no es un asunto menor.

La administración municipal no puede reducir la discusión del tema a los intereses políticos de quienes la promueven. Es probable que algunos concejales de Cali tengan negocios vinculados al sector educativo, pero también es real el problema de cobertura.

Con la posición asumida por la Secretaría de Educación no parece cercana una solución. La entidad defiende con vehemencia que hay colegios públicos con cupos y no parece estar dispuesta a considerar que la oferta no está cerca de los lugares de residencia de los estudiantes sin cupo.

La verdad es que la ubicación geográfica de los colegios sí es un factor determinante para las familias. No se puede perder de vista que estamos hablando de familias de escasos recursos para quienes el transporte puede resultar un gasto difícil de financiar. Si el factor económico no fuese una dificultad, también se debería considerar que estamos hablando de niños para quienes puede resultar un factor de riesgo atravesarse la ciudad para asistir al colegio.

En el caso de la cobertura, el Secretario de Educación está cometiendo un error en el que ya han caído algunos de sus  compañeros de gabinete. Los secretarios analizan los problemas de la ciudad sin considerar las necesidades de los ciudadanos afectados ni los factores socioeconómicos de la población.

Sin duda, es deber de la administración optimizar los recursos de la ciudad pero no se puede perder de vista que el servicio público busca mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

Este tema nuevamente me hace pensar en la tesis del investigador británico Paul Dolan, según la cual la felicidad de las personas está íntimamente relacionada con las políticas públicas.  Una tesis que bien podrían revisar los funcionarios de la administración caleña.

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