Maria Isabel Saavedra Hurtado

Las Invisibles que No se Rinden

Maria Isabel Saavedra

El teléfono suena y, al otro lado de la línea, una voz entrecortada por el llanto.

No es la primera vez. Ni será la última. “Estoy cansada“, me dicen una y otra vez.

Cansadas de la indiferencia, del maltrato disfrazado de rutina, del desprecio de una sociedad que, después de los 50, nos reduce a niñeras de nietos, amas de casa de servicio inagotable y mujeres de segunda categoría que deben agradecer si aún son miradas con respeto.

¿Dónde pasa esto? ¿En qué época? ¿En qué mundo? Pues en este, en el pleno siglo XXI.

Aún hoy, muchas mujeres viven la violencia silenciosa de la costumbre, el peso de la expectativa impuesta, la condena de no encajar en el molde de lo que una mujer “debe ser” después de cierta edad.

Y lo veo de cerca, lo escucho en sus voces, lo leo en sus mensajes, lo siento en sus historias.

Las mujeres que han tenido la fortuna de estudiar, de contar con una familia que las impulse, de vivir en un entorno donde el machismo no dicte las reglas, quizás no lo vean.

Pero créanme, sigue pasando.

En los barrios donde trabajo, en las comunidades más vulnerables, la historia se repite: mujeres que viven atrapadas en la resignación, en el miedo a decir “no“, en la creencia errónea de que su único valor está en servir a otros, aunque ellas mismas se queden vacías.

A ellas, a todas esas mujeres que hoy se sienten invisibles, les digo: ustedes valen, sin importar cuánto dinero tengan, sin importar si estudiaron o no, sin importar si hablan idiomas o si han viajado por el mundo.

La dignidad, el amor propio y el respeto no son un privilegio de unas pocas, son un derecho de todas.

No se dejen vencer. No acepten el desprecio como normal.

No crean que están solas. No necesitan el permiso de nadie para ser felices, para poner límites, para exigir amor y respeto.

Este grupo, este espacio y esta columna son para ustedes.

Para recordarnos que, aunque el mundo insista en volvernos invisibles, aquí estamos. Y no nos iremos.

Porque mujer de 50+ con estilo no es la que se conforma, es la que se levanta, se sacude y sigue adelante.


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