De Benedicto XVI me queda un muy buen recuerdo; resulta que cuando ingresé a la Comisión Primera del Senado (2004-2005), se tenía que elegir al vicepresidente de esa comisión, pero su presidente, Mauricio Pimiento, expresó que era más importante ver por televisión la elección del nuevo Papa. Y así se hizo. Estando en plena elección de Joseph Ratzinger, se me acercó el senador Pardo, hoy ministro del Trabajo, y me dijo al oído “habemus vice”… Efectivamente, volvimos al recinto de la Comisión Primera, y fui elegido por 16 votos como Vicepresidente de esa comisión, y a Ratzinger lo eligieron como Benedicto XVI. He sido un buen lector de los escritos de este Papa. Un verdadero teólogo. Un hombre de principios y valores. Radical. Para disgusto de algunos, muy conservador. Serio. Sincero. Y por esto no aguantó la turbulencia que vive el estado Vaticano, que mueve más de 170.000 millones de euros al año. “Allí está el detalle”. La lucha por el poder burocrático y de contratación ha deteriorado a la Iglesia. El camarlengo, Tarcisio Bertone, y el cardenal decano Angelo Sodano pondrán sus fuerzas en medición para ver quién queda con el poder. No fue la edad, ni la falta de fuerza física, ni la falta de talento o lucidez lo que motivó a Benedicto al retiro. Fue su Honestidad (“honeste vivere, naeminen laedere et jus sum cuique tribuere”) frente a tanta corrupción, frente a tanto desenfreno, tanto desafuero al interior del estado Vaticano. Muy alejados andan los jerarcas de la doctrina social de la Iglesia del Señor. Por ello Benedicto XVI deberá ser recordado como el Papa honesto. ¡Ejemplarizante!
Comments
Fin de los artículos
No hay más artículos para cargar

