Cali, octubre 28 de 2026. Actualizado: martes, octubre 27, 2026 21:19

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Jesús María Mina: cinéfilo, actor y docente

De las tablas a la pantalla gigante

Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente

Jesús María Mina, nacido en Candelaria (Valle del Cauca), desde niño llegó al barrio La Nueva Floresta de Santiago de Cali, iniciando su historia artística.

En su adolescencia hizo parte de grupos juveniles con la misión de crear bibliotecas populares y programar actos culturales: invitaban grupos musicales, danzas, promovían la lectura, proyectaban cine y montaban obras escénicas.

Participando en estas actividades descubrió su vocación y talento por las artes dramáticas. Muy pronto ingresó por nueve años a Esquina Latina, grupo teatral dirigido por Orlando Cajamarca. Después, durante dos años, hizo parte de la nómina artística del Teatro Experimental de Cali, dirigido por Enrique Buenaventura.

Alternó la actuación y la investigación comunitaria, desde la perspectiva de la alfabetización y la educación popular, lideradas por la ONG Cleba en el Pacífico Colombiano.

Se tituló en Literatura y Filosofía en la Universidad del Valle y de maestría y doctorado en la Universidad San Buenaventura y en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe CREFAL de México.

Durante cinco años fue profesor del Instituto Popular de Cultura de Cali y desde hace veintiséis es docente del Instituto Departamental de Bellas Artes. En “Yo vi tres luces negras”, dirigida por Santiago Lozano, recién estrenada, debutó como actor principal.

¿Cuándo aparece tu vocación por la actuación?

Cuando hice trabajo comunitario barrial en La Nueva Floresta, igualmente cuando estudié en la Universidad del Valle y lo proyecté con los padres de familia en las prácticas de educación popular.

Hacía personajes improvisados en medio de las charlas con el fin de animar la participación y la reflexión de padres de familia, de profesores y personas de la comunidad. Estos personajes nacían de lo observado en el territorio, fue un gran esfuerzo actoral que la gente valoró y me animó a continuar.

¿Qué balance de tu experiencia teatral?

En Esquina Latina, dirigido por Orlando Cajamarca, participé en: “El Escorial”, “El Enmaletado”, “Joselito Buscalavida”, “Los Pecados Capitales”, “Encarnación”, entre otras.

Fue una experiencia definitiva para mi formación, porque es un grupo importante en el movimiento teatral colombiano y latinoamericano.

Sus obras se basan en la investigación de los hechos sociales del país. En Esquina Latina, además de la preparación corporal, asistí a talleres con invitados nacionales e internacionales, que fundamentaban sobre la profundización teórica en la escritura dramatúrgica y otros temas, cómo inventarnos y reinventarnos como artistas de teatro.

¿Cuál es tu visión dramatúrgica?

Desde luego me formé con las técnicas y los enfoques dramatúrgicos que me impartió Orlando Cajamarca. Como también participé en “El maravilloso Viaje de La Mentira y la Verdad”, “La Estación”, “Proyecto Piloto” y “Crónicas”, en el TEC, mi visión teatral recibe influencia de los enfoques experimentales de creación colectiva del maestro Enrique Buenaventura. Pero, también, en mi visión influye la propuesta de Jean Marie Binoche con su técnica del teatro con máscaras.

Fui afortunado de ser invitado por él y una artista peruana, a un taller de máscaras para el espectáculo “Corre corre Carigueta”, con el Grupo La Candelaria. Compromete la credibilidad del trabajo actoral, en lo ficcional y lo mágico de la escena.

Ese trabajo invita a explorar diversos mundos lógicos, inesperados, absurdos o aparentemente anormales. Es liberación y a la vez vértigo, sorpresas en cada instante, que te llevan a un permanente estado de alerta. Éste es el teatro en el cual hasta la quietud y el silencio hablan, a veces desde lo mínimo, pues permanecemos en el filo, en lo liminal.

¿Cuáles satisfacciones como docente?

Ser profesor es un gran desafío, que me ha permitido indagar otras disciplinas y campos artísticos, para vagabundear por distintas sendas del teatro.

Aprendí a jugar con las formalidades y exigencias de los sistemas educativos, formando para lo posible, lo imposible y lo posibilitado. Las dinámicas en lo cultural y lo artístico se están institucionalizando atendiendo múltiples exigencias y presiones.

Esto acelera los procesos, a veces ajenos a lo creativo y sólo cercanos a los requisitos económicos. Entonces, la labor de las instituciones de formación y de quienes hacemos parte de ellas, está en impulsar lo artístico escénico, contribuyendo con lo investigativo, aportando al pensamiento y sus emergencias pedagógicas.

¿Tu experiencia en “Yo vi tres luces negras”?

Llegué a “Yo vi tres luces negras, por convocatoria de Santiago Lozano y ser seleccionado en casting. Es una historia muy significativa, que relata los mundos presentes en el Pacífico Colombiano y, además, representa diversas circunstancias históricas de un territorio, afectado por los intereses de enriquecimiento de personas externas que practican la minería ilegal Esto provoca: guerra y desapariciones por el solo hecho de vivir allí.

En la historia de José de Los Santos, que representé, están reunidos los sabedores y las personas que claman y reclaman a los desaparecidos.

José de Los Santos atiende a los muertos con rituales sagrados que invocan la vida. Son personajes con una visión extendida de la vida y de la muerte, de las maneras como habitamos y somos habitados por el territorio y por quienes están en ellos.

¿Cuál reseña sobre tu personaje?

José de Los Santos cuando acepta el llamado de su hijo muerto para que vaya selva adentro, sabe que será su último viaje y en la película lo presenciamos recorriendo una selva intervenida por foráneos y sus implicaciones económicas. Una visión de la muerte que habla y hace conciencia sobre la vida, siempre estamos recorriendo la vida en compañía de la muerte.

La película cuestiona esas muertes impuestas por quienes se creen dueños y hacen la guerra motivados por interés del oro. El peligro de la selva, no lo representa el encontrarse fantasmas y serpientes, sino a aquellos, aunque conocidos pero que le han vendido su alma a grupos armados, sea por presión o por ambición.

Es una película cuyo asunto es la violencia, pero su narrativa es poética. Tiene fotografía de gran calidad que deja ver toda la belleza de los ríos, los animales y aquello que transcurre en la selva.

¿Cómo la recibe la crítica?

Dice que lo relatado produce conmoción. Resaltan la fotografía y la sonoridad. También las canciones de Nidia Góngora. Destacan el progreso del cine colombiano.

“Yo vi tres luces negras”, fue estrenada en el Festival de Berlín, galardonada en Toulouse (Francia) como Mejor Película Latinoamericana. Se exhibió en abril, en el Festival Internacional de Cine de Cartagena.


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