No intentes inventar tus propias reglas, la sociedad tiene unas reglas claras y precisas que buscan regular los diferentes comportamientos. Los rótulos son inscripciones que se sitúan sobre algo para indicar su significado, sirven para identificar, ubicar, recordar, determinar su contenido y visualizar, entre otros. Son muy comunes en la vida cotidiana, pero, también sirven para identificar a las personas; todos llevamos una etiqueta con información que nos define y con nuestras actuaciones la reafirmamos, aunque, en algunos casos defraudamos como los productos de imitación, no basta con la etiqueta, no basta con el envase, no basta con el contenido, todo cuenta.
En la historia de la humanidad, se han rotulado a varios personajes, de los apodos no escapan ni los reyes. Luis XIV fue el rey de Francia por 72 años, conocido como “rey sol” su apodo viene de la comparación que hacía de su reinado en Francia con el brillo del sol, así como de su excéntrica egolatría. Recordemos a Felipe I “El Hermoso” por su exagerado narcisismo que usaba como carta de presentación para conquistar infinidad de mujeres.
Nuestras acciones, decisiones y comportamientos son los que generan el poder de recordación de nuestra gestión y nuestra imagen, en tal sentido, debemos propender para que ellas sean positivas y alineadas a nuestro rol. Lo externo juega un papel primordial en la imagen que crea una persona y en suma, puede ser de más impacto que lo interno, pero en ambas direcciones se forma nuestra imagen y consolida los mapas mentales sobre la figura pública.
No debemos olvidar otros personajes que sus apodos o rótulos se inmortalizaron, entre ellos sobresale José Bonaparte, “Pepe Botella” hermano del emperador francés, Napoleón Bonaparte, obtuvo su sobrenombre debido a que no gozaba de buena fama y debido a sus malas decisiones se propagó su apodo producto del desprestigio.
En tal sentido, debemos evitar a toda costa los rótulos negativos. Las acciones hablan por sí solas y no es de nuestro control lo que otros piensen e interpreten de ellas. Urge crear en la medida del tiempo nuestros méritos. No debemos depender de la admiración de los demás para poder alcanzar las metas propuestas. El mérito personal puede emanar de una fuente externa, pero, son nuestras competencias las que coadyuvan a que el mérito personal pueda sobreponerse al rotulo y a través de nuestras relaciones lograr la excelencia; incluso podemos sobrescribir nuestra etiqueta, día a día tenemos nuevas oportunidades de recomponer nuestros actos e imagen, como sucedía en la antigua Grecia con los epigramas, no obstante nada detiene la realidad de lo que eres.
El diseño de tu imagen está en tus manos, no te limites a aspectos puramente estéticos, irradia la profundidad de tu ser en cada una de tus actuaciones, absolutamente todo habla de ti, no dejes nada al azar. Debes decidir cómo quieres que te rotulen, porque de una u otra manera alguien nos va a rotular.
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