Ana Janeth Ibarra Quiñonez

El propósito de vida está más allá del dinero y el poder

Ana Janeth Ibarra

Siempre se ha escrito, dialogado y debatido sobre el propósito que tenemos los seres humanos en la vida. Muchos han coincidido al expresar que es una necesidad humana que nos obliga a trascender, en línea con lo anterior, podemos afirmar que el verdadero propósito de nuestras vidas debe estar sostenido por la felicidad.

Desde niños hasta ancianos nos impulsa ese raro sentimiento que nos blinda contra el sufrimiento.

Quiero remontarme a tiempos antiguos y ubicarlos espacialmente en Japón, en la isla de Okinawa, allí, centraremos nuestra mirada sobre la palabra Ikigai, que concentra su esencia en el propósito de vida.

El investigador Hasegawa, experto en el tema mencionó que el término “Ikigai” nace alrededor del período Heian (794¬ -1185), con el cual se pretendía dar significado de valor a la vida. Un acercamiento al concepto de felicidad.

Asimismo, confirmó que la sumatoria de todas esas pequeñas alegrías del día a día le dan sentido a una vida plena. En este orden de ideas, en la isla japonesa de Okinawa, el tener claridad sobre el propósito de vida les ha permitido tener la población más longeva del planeta.

Es decir, en ese lugar todos le dan un valor significativo a la vida y a las cosas que hacen. Para ellos todo lo que hacen, piensan y dicen debe valer la pena.

Ahora ubiquemos nuestra atención en nuestros tiempos, especialmente en los jóvenes y preguntarnos ¿Ellos conocen cuál es su pasión, que los anima a despertar cada mañana, que los hace sonreír y ser felices? La respuesta puede ser desesperanzadora, pero de acuerdo con los expertos en el tema, todos sin excepción tenemos un Ikigai.

La diferencia reside en lo que estamos haciendo para hallarlo, en un mundo centrado en la inmediatez y la facilidad, es una búsqueda profunda y prolongada, no existen pócimas mágicas, no es un efecto inmediato, debe darse un proceso al punto de convertirlo en hábito.

Es prioritario tener unos objetivos claros y la disciplina y constancia nos entregarán la satisfacción de tener un verdadero propósito en la vida.

Hoy, las redes sociales nos bombardean con falsas ideas y creencias a cerca del propósito de vida, es importante aclarar que este no puede calcarse, menos imponerse, debe ser auténtico y basado en nuestras propias convicciones y limitaciones.

El propósito no es el mismo para todos los seres humanos, cada uno debe hallarlo en función de sus propias circunstancias y realidades, es tarea de cada uno trabajar por descubrirlo.

El gran desafío es encontrarlo en un mundo turbulento, lleno de falsas creencias, bajo el dilema del dinero y el poder. ¡Vaya reto!

A mi juicio, el propósito debe formarse desde la familia, la escuela y la sociedad, verdaderamente deben construirse acciones tripartitas, sin olvidar además que, los intereses, capacidades y logros también están condicionados por la educación y el entorno, por eso los invito a que juntos trabajemos en ganar el futuro y, para ello, desde el conocimiento del presente, aportar una reflexión pausada y esperanzadora para las nuevas generaciones que tanto lo necesitan.

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