Aunque algunos esperan que transcurrida la Semana Santa se decante la larga lista de aspirantes a la Alcaldía de Cali, por lo menos durante los próximos 3 meses no habrá depuración y, por el contrario, pueden surgir nuevos nombres.
El listado va en 36 nombres y si se animan algunos de los que están pensando si se meten o no, podría llegar a la increíble cantidad de 40 aspirantes, un claro reflejo de la dispersión electoral que produce la falta de liderazgos políticos fuertes que tiene la ciudad, pero también de la viveza de muchos personajes de la política que montan supuestas candidaturas para levantarse unos pesos.
Sólo hasta el 29 de julio -3 meses antes de la elección-, cuando se cierren las inscripciones, saldrán de escena la mayoría de los aspirantes y el largo listado del sonajero quedará reducido a la cuarta parte.
Los primeros en salir de la lista serán los falsos aspirantes y los loquitos.
Los falsos candidatos son aquellos que están cañando para posicionarse y negociar su adhesión, son lagartos profesionales que han tenido alguna visibilización en cargos públicos y que, sin intención real de inscribirse y conscientes de que no tienen votos, registran movimientos ciudadanos para recoger firmas, pero no lo hacen, porque no cuentan con el equipo ni la infraestructura para hacerlo…
Cuando la campaña entra en la recta final, estos hábiles políticos negocian su adhesión con alguno de los punteros, a cambio de algún acuerdo económico y/o burocrático –que presentan como acuerdo programático- y se ponen la camiseta de otro…
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Los loquitos, por el contrario, no van tras plata ni puestos, como los anteriores, sino que, en verdad, están convencidos de que pueden llegar, pese a no tener ni votos ni reconocimiento ni un peso en el bolsillo…
Estos folclóricos personajes se estrellan con su realidad cuando llega la hora de la inscripción y no tienen ni aval ni tampoco las firmas ni la póliza para inscribirse y terminan, entonces, bajándose de su aspiración.
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Sin embargo, después del cierre de las inscripciones aún quedará uno que otro candidato de relleno, que conscientes de que no llegarán, se mantendrán en campaña para cotizarse y adherir a quien crean el más opcionado para ganar.
Estos personajes negocian a última hora suelen cobrar más duro que los anteriores, pues además de comprometer altos cargos –usualmente secretarías- exigen que se les reembolsen los gastos de su campaña…
Lo paradójico es que estas costosas adhesiones, suelen ser una estafa, porque el candidato que declina no le aporta ni la mitad de los votos que dice tener al candidato que continúa. Sin embargo, en el desespero de sumar para aumentar sus opciones de triunfo, muchos han caído y seguirán cayendo en la trampa.
Por lo pronto, los candidatos que no irán hasta el final siguen distorsionando la realidad electoral de Cali.
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