En los años 60s se organizaban entre los jóvenes de Cali, sanamente, con ron y Coca cola, más de esta última, rumbas en casas de familia para pasar un buen rato. Apenas se asomaba la “salsa”.
A las dos de la mañana cada cual para su casa.
Pues esa lista de 34 o 35 aspirantes a ser alcaldes de Cali, ya parece un agua e’lulo.
Eso es lo que pensamos muchos caleños.
Ciertamente, hasta ahora estamos en un país libre y cualquiera puede y tiene derecho a actuar como mejor le parezca pero, de ahí a gobernar, hay mucho trecho, sobre todo una ciudad como la “exsucursal del cielo” con tantos problemas sociales y de seguridad en la que se requiere, con urgencia, un personaje con convicción y responsabilidad.
De esa lista, respetuosamente, solo tres o, acaso cuatro, serían los indicados para dirigir esta caótica ciudad.
Tienen la capacidad, la formación y el sentido de pertenencia.
Entre ellos, supuestamente, está el próximo mandatario, si los electores no se equivocan y quieren que Cali recupere su importancia nacional e internacional.
Del resto, los caleños tenemos la sensación que algunos se quieren mostrar para que los conozcan, pensando en su futuro político y, otros, apoyados tras bambalinas por reconocidos “caciques”, quieren ver como organizan, como siempre, acuerdos de gobernabilidad.
Valga la oportunidad para mencionar algo al respecto, de “El libre pensador” de la Universidad Externado de Colombia, específicamente de Juan Pablo Centeno, cuando afirmó: “La postulación de candidatos para las elecciones regionales a realizarse en Octubre del presente año, ha suscitado un sinnúmero de interrogantes y disyuntivas que exponen a la luz pública las principales afecciones que padece la cultura política y el sistema de partidos en Colombia.”
A ello agreguemos la contundente afirmación de Abraham Lincoln, presidente de EE.UU entre 1861 y 1865: “Un dilema es aquel político tratando de salvar sus dos caras a la vez” pero, el exprimer ministro del Reino Unido–Winston Churchill—uno de los tres grandes que derrotaron a Adolfo Hitler, no se quedó atrás cuando dijo: “La política es casi tan emocionante como la guerra y no menos peligrosa. En la guerra podemos morir una vez; en la política, muchas veces”.
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