Umberto Valverde

El fútbol colombiano

Umberto Valverde

El resultado del Tolima con Flamengo es solo un indicativo del fútbol colombiano, a pesar de la burbuja de mentiras que venden los programas deportivos por excepciones como Luis Díaz, tratando de afirmar que estamos en la élite, que podemos competir con Brasil y Argentina, desconociendo que fuimos eliminados del Mundial.

Es cierto que se exporta, pero todos exportan, la globalización ha permitido un mercado amplio, pero ficticio y prematuro, jugadores que llegan a Europa antes de los 20 años y fracasan.

El fútbol colombiano tiene una mala dirigencia, cuestionada moralmente, que se compartan como quieren porque no tienen control de ninguna entidad. Un campeonato estructurado sobre muchos partidos, vendidos a un canal único, sin hinchadas, con varios equipos en crisis, más grave equipos grandes como deportivo Cali, que pueden entrar en un colapso.

También Santa Fé y un América donde su propietario es folclórico. Este semestre de nuevo volverá a ser un drama para los Diablos Rojos.

La crisis mundial ya afectó el mercado europeo, esos precios inflados se están acabando, el mercado se hace sobre los jugadores libres en el término de su contrato. Hay equipos grandes que están desfinanciados como Barcelona, con un presidente desquiciado que habla todos los días de una nueva contratación.

Argentina es un gran intermediario sustentado sobre una economía quebrada. A Borja no lo contrataron porque no pueden usar dólares oficiales. Los equipos argentinos compran y no pagan. Los brasileños tienen mucho dinero, pero la inflación de este país es peligrosa, no sé sabe en qué momento afectará directamente al fútbol.

La diferencia es que Brasil tiene 250 millones de habitantes y un mercado interno enorme.

El fútbol no escapa a la crisis mundial. A pesar de todo la FIFA parece vivir en otro planeta, hace un mundial en Qatar a unos costos frenéticos.

Sin embargo, hay público para todos, según parece la boletería ya está vendida. Pero el fútbol colombiano, en concreto, es muy mediocre. Salvo partidos de final, un espectador común y corriente no ve un partido completo.

Un espectador acostumbrado a las ligas europeas y a la Champions le gasta un poco de tiempo a un partido de Colombia por un presunto amor a la camiseta.

En ese sentido, la hinchada americana es un ejemplo, la nómina actual da pena y los hinchas continúan viajando por las ciudades del país. Pero todo tiene su límite. Ya veremos si los periodistas deportivos colombianos siguen hablando de un fútbol Top y que estamos en la élite. Claro, en la élite de la vergüenza.

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