Llevamos muchos años en Colombia escuchando, viendo y leyendo hechos buenos y malos a través de medios de comunicación y de personajes o personajillos que los utilizan para resaltar, enlodar o tapar los méritos de unos y las mediocridades de otros, según el estándar ideológico de quienes opinan o escriben.
Dos hechos que no pueden pasar de largo. La gestión de Iván Duque como presidente, fue atropellada por quienes necesitaban vender muchas mentiras para lograr réditos políticos o para hacerse a un pedacito de torta burocrática o, en el mejor de los casos, a un poco de mermelada que se repartió a manos llenas en el gobierno anterior.
Duque recibió un país totalmente destrozado, social y económicamente. Un hueco fiscal inaudito, difícil de sanar, máxime cuando se apareció, de repente, una pandemia que obstaculizó todo, por los costos y por su duración.
Sin embargo, en forma inteligente y sacrificando su capital político, pudo, de alguna manera, realizar cosas para que el país no se hundiera.
Fue así como los gremios reaccionaron logrando generar un crecimiento del 11,5% del PIB en el 2021 y un 8% en los primeros cinco meses del 2022.
No podemos pasar por alto, igualmente, que el petróleo en nuestro país fue un valioso impulsor de la reactivación, generando un ingreso valioso a la nación que permitió equilibrar las finanzas y confianza, ayudando a bajar índices de desempleo, realizar obras de infraestructura 4G y en algunos casos 5G.
Por primera vez se cumplió con una propuesta de campaña como fue la de aumentar el salario mínimo a un 10 por ciento.
El índice de pobreza bajó mínimamente pero, mientras en este país no se acaben la corrupción, en la que están inmersos personajes de “alta alcurnia política y social” y, no se lleven a cabo reformas de índole estructural, Colombia no saldrá de ese atolladero de la pobreza pero, lo más importante, es que en los colegios públicos dejen de adoctrinar para mal y procedan a educar a nuestra niñez y juventud para que Colombia pueda tener un mejor futuro.
Y, la otra situación adversa y mentirosa, es ese informe de 900 páginas de la Comisión de la Verdad, sesgadamente dirigida por el cura De Roux, ampliamente conocido y reconocido como comunista, de los antiguos, donde declara que las guerrillas en Colombia han sido arcángeles y los malos han sido nuestras fuerzas armadas.
Terrible conclusión, máxime cuando miles de víctimas de esas guerrillas dicen no haber sido escuchadas por dicha Comisión. Más bien los órganos de control deberían investigar cómo se invirtieron más de 500 mil millones de pesos en su funcionamiento.
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