En Francia, cada que muere un rey hay una frase que se emplea para la inmediata sucesión: “Le roi est mort, vive le roi”. Con esta, se pretende evitar los peligros del descontrol y desgobernabilidad en el periodo entre cambio de reinado.
En Colombia, el presidente Duque se encargó de extinguir la dinastía de los ungidos por el expresidente Uribe, ahora, después de siglos de gobiernos republicanos y por primera vez en la historia, los colombianos eligieron un presidente de extrema izquierda como su gobernante.
El uribismo ha muerto, ¡viva el petrismo!
Como Francia (las dos Francias).
Y es que independiente de nuestro voto, independiente de nuestras posturas, el presidente electo se llama Gustavo Petro y lo mejor para todos es que haga un buen gobierno.
Independiente de nuestros ideales, tenemos que trabajar por un mejor país y desear que las decisiones del ejecutivo nos traigan prosperidad como nación.
¿Pero cómo?
La primera tarea del mandatario electo, y la más importante de todas, es la de unir de nuevo a los colombianos, intentar disminuir al máximo la polarización causada en una de las campañas más sucias de la historia.
Casi el 50% de los colombianos están destrozados, tienen sus pensamientos en el absoluto pesimismo, en Venezuela, en Cuba, muchos con odio y rencor contra el presidente.
Aquí es donde Petro tiene que trabajar primero, buscar la manera de sanar esas heridas, calmar la tormenta, enfriar los ánimos y hacernos entender que él no es un villano de telenovela de los que quieren acabar con el mundo, sino que, por el contrario, espera lograr una Colombia mejor.
La otra mitad del país, tiene expectativas muy altas, muchos campesinos creen que de la noche a la mañana serán grandes terratenientes, muchas familias de escasos recursos piensan que en agosto próximo y como por arte de magia, ya no habrá desempleo en Colombia y el gobierno solucionará todos sus problemas. También toca aterrizarlos.
No señores, ni esto es Alicia en el país de las Maravillas ni se llegó el apocalipsis.
Dejemos atrás la campaña y los fanatismos, Colombia inició una nueva era y esperemos, de corazón, que sea para bien.
Bajémosle a la agresividad en redes sociales, ayudemos todos a volver a tejer los lazos sociales actualmente desgarrados, ayudemos a construir país, a generar empresa, a sanar esas heridas de guerra que quedaron de la batalla infame que se acaba de terminar.
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