No soy fanático de las corridas de toros porque concluyo que existe una desigualdad entre los seres que se enfrentan en la arena. Una corrida debiera ser la reproducción del legendario duelo del hombre y la bestia como ocurrió en el laberinto; pero eso está lejos de ser así. ¡Y hallé una opinión similar! La fuente: la carta abierta que dirigió el periodista francés André Viard al torero \”El Juli\”.
Dice Viard -quien dicho sea de paso logró declarar patrimonio cultural a la Fiesta en su país- que el toro por ser hoy: \”un animal criado casi en cebaderos, sometido a lo largo del día a la dominación del hombre y ataviado de fundas que ocasionan un sin fin de manipulaciones, no ayuda a que, cuando sale a la plaza, el público vea en él ese adversario casi invencible que era antaño. (…) La pérdida de esa dimensión mítica que siempre ha sido el motor de la Fiesta, le quita a la actuación del hombre ese valor épico que durante mucho tiempo hizo del torero el equivalente de los héroes antiguos.
Y si hoy en día los toreros tienen que ir a la zaga de los futbolistas o los modelos para reconquistar una fama que a pesar de sus méritos en la plaza ya no consiguen, es porque la estética que se pretende buscar a costa de sacrificar las dimensiones mítica y épica, no trasciende en la sociedad que ve en el toro un animal manipulado, indefenso y en vía de domesticación, no deseada pero real.
Lo cual conforta los ataques de los animalistas contrarios a la Fiesta. (…) La Fiesta de los toros es la resurrección más antigua de un mito que nace al principio de la Humanidad: es la última tragedia, en el pleno sentido de la palabra (…) De lo contrario, si todo se resume en una exhibición de poderío por parte del torero frente a un animal demasiado sumiso, la Fiesta se convierte en una mascarada carente de significado\”
rodrigofernandezchois@hotmail.com
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