Leonardo Medina Patiño

Tomás González

Leonardo Medina Patiño

Hay tres escritores que son, para mí, los del silencio. Esos seres que laboran a diario con la palabra, la corrección, el tachar y el borrar, y que en su peregrinaje por este mundo han dejado huella de manera trascendente sin aspavientos.

Rulfo, Horacio Benavides y Tomás González, casi ascetas. Viven para la literatura y cada tanto nos sorprenden con obras que mejoran la anterior. Claro, a excepción de Rulfo, que dejó un destello perenne con su corta obra.

Y los evoco, porque ha llegado a mis manos, gracias a mi amiga María Victoria, la reciente novela de Tomás González, titulada “El fin del océano Pacífico”. Y hay ya en el título una evocación al tema que siempre apasiona a González, el mar. Su obra está impregnada de relatos en altamar, de poesía a los manglares, de hechos memorables alrededor de una tarde de pesca.

Seguro esta novela del silencioso Tomás tendrá tanta magia como sus anteriores publicaciones. Me sumergiré en ella, como navegante de sus letras.

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