Leonardo Medina Patiño

El buen samaritano

Leonardo Medina Patiño

Borges me había enseñado de Cristo diciendo “Sabe que no es un dios y que es un hombre que muere con el día. No le importa.

Le importa el duro hierro de los clavos.

No es un romano. No es un griego. Gime”. Y agrega: “¿De qué puede servirme que aquel hombre haya sufrido, si yo sufro ahora”.

Y cuando leo con detenimiento la carta del buen samaritano emitida por la congregación para la Doctrina de la Fe vuelvo a él, para buscar un aliento ante el radicalismo teológico contra la eutanasia o la muerte digna, que es tachada en esa carta.

No hay argumento admisible para los prefectos que la suscriben, sino están enmarcados desde la órbita católica. Los avances legislativos, jurisprudenciales, políticos, propios de las sociedades contemporáneas siguen siendo un atentado a los renglones bíblicos y la teoría allí signada.

Ha pasado esta carta sin mucho debate, tal vez porque por estas calendas estamos enfocados en otros asuntos, que tienen relación con la eutanasia o el tratamiento de pacientes en estado terminal. Este debate, creo, apenas empieza y los colegios médicos, asociaciones de especialistas, académicos de la bioética y del derecho-médico tienen allí un instrumento para la controversia, porque la línea ideológica es que nada de lo avanzado hasta el momento es aceptable para la congregación, de dónde salió Ratzinger.

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