Se puede afirmar que los dos “Nocturnos” que tiene la poesía colombiana son el de Silva y el de Mutis. Obras poéticas imborrables y necesarias en toda antología que se realice de la poesía en español.
Ya el de Silva está en la memoria “Una noche, una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de alas…”, con toda su musicalidad e historia de amor silencioso y profundo.
El de Mutis llega al alma, embriaga con su cierre: “Ahora, de repente, en mitad de la noche ha regresado la lluvia sobre los cafetales y entre el vocería vegetal de las aguas me llega la intacta materia de otros días salvada del ajeno trabajo de los años”
Esa voz se nos fue hace siete años y aún se escucha retumbar en su paginaje. Grave como el Do en un chello, pero alegre. Un gran sibarita que nos enseñó del mundo, de la errancia, del querer y el amar, sin necesidad de haber pasado por la universidad.
Mutis creó ese personaje del que tanto se habla, y se conoce poco: “Maqroll el gaviero.” Su vida errante, sus entuertos y su bella manera de vivir, son toda una enseñanza.
Sigue existiendo Mutis en el corazón de sus lectores, en el buen vino, en la exquisita mesa, y en la forma de mirar la política.
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