En las instalaciones de Mulato Cabaret, Luis Eduardo Hernández afirmó que los cuarenta segundos más importantes de su vida eran los del Super Bowl, además contó como JLO les dijo: “cierro con ustedes porque a mi me gusta terminar mis shows en lo alto, con fuerza”.
La historia de Mulato es la del trabajo y perseverancia. Este triunfo es fruto del talento pero sobre todo del trabajo.
La figura más sobresaliente de la salsa en Cali ha sido Jairo Varela. Llegó a Cali en 1981 y tres años después se puso en el cielo con “Cali pachanguero”. Nunca tuvo que esperar un favor, ni un evento especial, solamente su capacidad de compositor y director de su orquesta, el Grupo Niche.
Los años ochenta lo convirtieron en un ícono, y se puso a la altura de las grandes leyendas de la salsa, ganándose su respeto y admiración. Una líder de la burguesía caleña por muchos años trató de venderle a la ciudad un slogan: “Cali no es salsa”.
Trataron y tratan de decir que Cali es una ciudad de todas las músicas. Las empresas turísticas, el Ministerio de Relaciones Exteriores, Fontur, Procolombia, los gremios hoteleros, saben que Cali es salsa.
Los dirigentes políticos de esta ciudad en los últimos años se abrazan con los salseros, para salir en fotos, pero los presupuestos van para otros eventos.
Tanto los bailarines, que tienen a Mulato como líder, así como los músicos, que están intentando agremiarse después de muchos años de no tener integración, tienen que hablar, defender sus derechos y sus espacios.
Es cierto que la salsa nunca ha sido protegida por el Estado, ni por nadie. Solo el talento la ha puesto arriba.
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