La estrella catorce del América realmente es histórica. En primer lugar, nadie la esperaba. Ni el técnico, ni los jugadores, ni los dirigentes. Tampoco la hinchada, que es la mejor de Colombia, la más sufrida, ha sido humillada por todas las tristezas que vivió América en su crisis económica, en la deshonra de la lista Clinton, en la persecución a sus bienes.
Después ese largo periodo en la B, se llegó a hablar de un negocio de un canal y de la Dimayor para darle vida a unas trasmisiones que nadie volvió a ver cuando el equipo ascendió. Después de tantos errores en la administración de Tulio Gómez, se llegó a hablar de la venta del equipo, se supo rodear de un equipo de personas que hicieron unas buenas contrataciones, sobre todo su técnico, Guimaraes, con experiencia en mundiales.
Un hombre tranquilo, que fue perfilando una nómina titular que jugaba diferente, instrumentó una fortaleza en el medio campo y un juego vertical, que obtiene muy pocas opciones de gol, estrictamente necesarias para hacer la ventaja.
América nació en el barrio obrero, rodeado de música, en 1960 conoció un primer equipo grande de la mano de Adolfo Pedernera, una sinfónica de buen juego, después Perucca armó un equipo interesante, pero no le alcanzó, hasta que llegó el doctor Ochoa, acompañado de Pepino Sangiovanni.
Llegaron las estrellas y las finales de Copa Libertadores. El último título fue en el 2008. Más adelante, la hecatombe. De la cual todavía no me recupero. Nunca volví al estadio Pascual Guerrero, aunque conservo mis derechos a un palco por ser periodista de la Acord.
Ahora deben hacerse bien las cosas, regresamos a Copa Libertadores, una vieja ilusión. América ha logrado recuperar la dignidad que siempre mereció.
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