A Dagua, por su producción agrícola, se le reconoce como el municipio de la piña. A Cali, por sus tardes calurosas, sus museos y sus ferias, como la sucursal del cielo. Pero no hemos sido generosos con el vecino municipio, porque su corregimiento del Queremal bien rotularía a Dagua como el Edén del Valle.
En el paraíso bíblico la primera pareja se dejó tentar por la manzana, quien alguna vez vaya a este corregimiento hallará su seducción con la flor del quereme. Don Críspulo Olave fue el primer Adán que llegó en 1920 y al enamorarse de sus jardines de quereme, blancos, rojos, lilas y fucsias, fundó esta población que hoy cuenta con cuatro mil quinientos habitantes. Cuando sufro de tusa y voy en búsqueda del fragante aroma para la prosperidad en amores, las caricias de su neblina me seducen a que pernocte allí.
Ahora me explico por qué el 30 por ciento de sus habitantes son docentes jubilados y que exlíderes sindicales allí hallen refugio y paz, como Pachito Posada y Milton Cruz, mis perpetuos amigos. Este fin de semana, sábado 12 y domingo 13, el Queremal celebra su Trigésimo Encuentro de Música Colombiana y Andina.
Entre otros, estarán: el grupo boliviano Kalamarka, Raíces Andinas de Pasto, Semillas de Cali, las danzas de la Fundación Suyay, comparsas del carnaval del Cali Viejo y de los carnavales de Blancos y Negros de Pasto. Gracias a doña Amparo Muñoz, gestora de los encuentros, no acudiré al despecho cantinero, sino al encuentro colombiano y andino. En el Queremal, me querrán más.
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