Se puede gobernar sin mermelada

Natalia Bedoya

En un país donde el legislativo estaba acostumbrado a recibir “mermelada” a cambio de una articulación con el ejecutivo, el presidente Duque está marcando la diferencia.

Un legado de gobernabilidad sin mermelada. Los ex santistas de “pura sangre” están decididos a hundir las iniciativas legislativas del ejecutivo como forma de presionar por una dosis de mermelada.

En la oposición destructiva encontraron el aliado perfecto, una coalición enemiga del desarrollo económico, social y cultural del país.

Hundiendo las propuestas del gobierno, los únicos perjudicados somos los colombianos, a quienes hoy se nos ha privado de tener una reforma política que favorezca la democracia participativa, una reforma a la justicia que logre garantizar el sistema de pesos y contrapesos que hemos perdido por la politización de la justicia.

Pero quizás es preferible que se hundan los proyectos propuestos, a ceder en mermelada y seguir con esta práctica dañina para el Estado Social de Derecho y nuestro sistema democrático.

Vencer el legado de esta costumbre, que nos heredó el gobierno anterior, es un reto no solo del presidente Iván Duque.

Los colombianos debemos empezar a exigirles a esos congresistas que ayudamos a elegir, que gobiernen por el bienestar de nuestra patria y no por el propio.

Preferible tener palos en la rueda a las iniciativas gubernamentales, que alimentar la politiquería y la corrupción.

Al fin y al cabo, los colombianos votamos por un gobierno que lograra una relación institucional con respeto, que llevara el debate técnico como la práctica de cooperación entre el legislativo y ejecutivo.

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