Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Cuando un amigo se va

Luis Ángel Muñoz Zúñiga

Ahora sí entendimos con máximo sentimiento su canción “Cuando un amigo se va”. Y creo que este sentir mío hoy lo comparten los maestros, jubilados y activos, porque Alberto Cortez atendió nuestra invitación para cantar en el entonces Centro Experimental Piloto, un 15 de mayo de 1986, hoy Biblioteca Departamental, en una asamblea de maestros.

Ese día empezó el espectáculo con el tema “A mis amigos” y cada canción la anticipó con sensibles palabras dedicadas a la noble misión de los educadores.

Entre el legado que nos deja, también está “Callejero”, la canción en homenaje a la muerte de un perro. Cuando falleció nuestra mascota Tomás, sólo pudimos asimilar el duelo escuchando su tema: “Era callejero de las cosas bellas/ y se fue con ellas cuando se marchó/ se bebió de golpe todas las estrellas, se quedó dormido y ya no despertó”.

Este espacio es mínimo para relacionar la lista de su repertorio. Alberto Cortez continuó la misión del juglar Atahualpa Yupanqui, en versión modernizada pues sus canciones narran los episodios de la vida cotidiana en las ciudades. Quien siente con mayor tristeza su partida es Piero, porque como regalo recibió de su compatriota la letra “Los americanos”, todavía inédita.

Alberto Cortez no sólo deja su legado musical, también era un narrador literario, publicó: “Equipaje”, “Soy un ser humano” y “Almacén de almas”.

Hace 20 años, publicó su autobiografía “Desde un rincón del alma”.

Alberto Cortez con tu partida nos demuestras que “Cuando un amigo se va/ queda un tizón encendido/ Que no se puede apagar/ ni con las aguas de un río”.

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