No es desconocido que varios artistas colombianos, después de sus años de gloria, mueren en la extrema pobreza.
Que el Estado haya sido escéptico con la suerte corrida por esos talentos que engrandecieron el orgullo nacional.
Exceptuemos sólo a aquellos que la farándula los puso en la cima y que Sayco, tratándose de autores y compositores musicales, les reconoce algunos derechos económicos por la emisión de sus obras.
Por eso es plausible que la Secretaría de Cultura del Valle del Cauca esté convocando para que, hasta el miércoles 10 de octubre, postulemos nombres al Premio Vida y Obra de un Artista.
El único lunar que le veo al estimulante premio de 90 millones, es que a los postulados los limita a que sean mayores de 65 años.
Algo similar ocurre en nuestro país con algunos concursos literarios que por la edad impiden que talentosos narradores trasciendan del anonimato y los lectores puedan disfrutar de esas valiosas plumas.
Conozco a varios cultores de la música que muy jóvenes asumieron su vocación de formar artistas y en pocos años forjan un significativo legado.
Es el caso del profesor Miguel Humberto Cuaichar Guerrón del colegio Inem, quien desde hace dos décadas, muy joven formó y todavía sigue renovando generacionalmente el Grupo Semillas de música andina.
Por el estilo alegre y las calidades interpretativas, este grupo siempre es invitado a los festivales en todo el territorio.
Estimo que un artista merece disfrutar en vida de los estipendios económicos que se le reconozcan por sus méritos.
Luis Carlos Ochoa, Lilyam Rosero y Julián Rodríguez, entre otros, también merecen postulación.
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