junio 06, 2018

Farias

Leonardo Medina Patiño

La poesía de Fabio Arias (Farias) nos llena, nos sobrecoge. Llena de su luz, de esa posibilidad del sueño que tanto anhelamos en esta existencia nuestra, va poetizando lo cotidiano.

Farias era mi amigo. Viajamos juntos por las calles de Cali, en las noches de ese centro que cada vez más queda a manos de los hampones. Escuchábamos al gran Beny Moré en el carro y le hacía loas que pocos pueden entender, al no conocer su música.

La noche siempre envolvía esa magia que tenía el poeta-amigo para narrarlo todo.

Ahijado, me decía, vamos a aquél sitio que ponen buena música, o me hablaba de ciertos autores para acompañar algún comentario.

Farias en su poesía habla del río, del mar, de la nostalgia…sollozaba recordando que provenía del río Telembí, a donde tal vez hoy ha retornado.

Su mejor poema, para mí, es el siguiente: “Si de vergüenzas hablamos/yo prefiero al murciélago/barredor de temores/ que recoge el susto de los ríos dormidos.

Y en verdad/todo el terciopelo es él/ y todo el robo de la luz también”

Le pedía que lo leyera y releyera en mi balcón, asombrándome de la inmensidad de su prosa, y siempre estaba atento para leer con su voz ronca y ese acento del pacífico, que aún resuena cuando lo evoco.

FARIAS, amigo, sabes que ya estaba impregnado de tu verbo que quiero hacer presente en estas líneas, a cuatro años de tu ausencia.