Cali, septiembre 7 de 2026. Actualizado: sábado, septiembre 5, 2026 14:00
Luis Ángel Muñoz Zúñiga
Especial Diario Occidente
A sus 94 años falleció Milán Kundera (Brno Checoslovaquia 1 de abril de 1929 – París Francia 11 de julio de 2023), el escritor disidente que a través de sus novelas le reclamó reconocimiento de las libertades individuales al socialismo.
Cuando fallece un escritor es costumbre por parte de los lectores buscar sus obras literarias en las librerías, muchas veces quedando frustrados porque su muerte intempestiva ocurre cuando las editoriales habían descuidado las reimpresiones.
Otro fenómeno informativo, que nosotros obviamos, es que los medios de comunicación pretenden reseñar sus novelas en una página.
En el caso de Milán Kundera, el Diario Occidente, prefirió seleccionar algunas declaraciones suyas en ensayos, conferencias, discursos y respuestas a entrevistas, siempre caracterizadas porque el escritor checo autocrítica su oficio y se pronuncia sobre el arte de la novela.
A diferencia de los autores que sólo hablan de sus obras cuando se lo piden, Kundera fundamentaba sus intervenciones con explicaciones sobre los temas novelísticos y las características de sus personajes.
Creemos que le aportamos más a nuestros lectores ofreciéndoles fragmentos de sus discursos, porque les permitirá conocer en primera voz la autocrítica sobre la obra y el oficio de novelista.
“La broma” (1967), “Amores risibles” (1968), “La vida está en otra parte” (1973), “El libro de la risa y el olvido” (1982), “La insoportable levedad del ser” (1985), son las novelas de Milán Kundera.
Los críticos, estiman que su obra cumbre es “La insoportable levedad del ser”.
En el discurso que pronunció en 1985, cuando recibía el Premio Jerusalén, Kundera definió su oficio y el arte novelístico: “Con gran emoción recibo hoy el premio que lleva el nombre de Jerusalén y el sello de ese gran cosmopolitismo judío. Lo recibo como novelista y no digo escritor. El novelista, según Flaubert, quiere desaparecer detrás de su obra. Lo que significa renunciar a su papel de personalidad pública. Eso actualmente no es fácil: todo lo que existe ahora, aunque sea poco importante, debe aparecer en el escenario insoportablemente iluminado por los medios de comunicación masiva que, contrariamente a la intención de Flaubert, hacen desaparecer a la obra detrás de la imagen de su autor (…) Los verdaderos novelistas están atentos a esta sabiduría suprapersonal lo que explica que las grandes novelas son siempre un poco más inteligentes que sus autores. Los novelistas que son más inteligentes que sus obras deberían cambiar de oficio”.
Kundera, al recordar su experiencia con su novela “La broma”, se alertaba frente a los traductores. “Pero qué tristeza. En Francia, el traductor reescribió prácticamente mi novela cambiando totalmente mi estilo. En Inglaterra, el editor cortó todos los pasajes reflexivos, eliminó los capítulos musicológicos, cambió el orden de las partes, recompuso mi novela”. Kundera, cuando alistaba “La insoportable levedad del ser”, recordó y se curó de la fatal experiencia: “Cuando escribí La insoportable levedad del ser, pensaba mucho en Praga, pero ¿pensaba aún en mis lectores checos? La única persona en la que pensaba constantemente, y concretamente, era en Francoís kérel quien iba a traducir al francés mi manuscrito. Formulé mis frases como oyendo ya, como en eco, su versión francesa futura. Y como seguí de muy cerca el trabajo de traducción, ya no vi diferencia alguna con el original, y pude, incluso dejar que se tradujera (en Portugal, en Brasil, en Grecia, en Suecia, en Islandia, en Noruega) de la versión francesa con la que me he identificado. Desde hace unos años, intento escribir en francés artículos y ensayos. Pero reflexionar y contar son dos operaciones diferentes: me siento incapaz de escribir una novela en francés”.
Atendiendo una entrevista que le hiciera Philip Roth para la Revista Quimera, Milán Kundera, que se exilió en Francia, se refirió a la misión de los novelistas y su censura en los regímenes totalitarios: “Una novela no afirma nada. El novelista busca algo y plantea interrogantes. No sé si mi nación perecerá ni cual de mis personajes tiene razón. Invento historias, confronto una con otras y, por este medio, formulo preguntas. La estupidez de la gente consiste en querer obtener respuestas para todo. Cuando Don Quijote sale al mundo, ese mundo se convierte en un misterio ante sus ojos. Este es el legado de la primera novela europea. El novelista enseña al lector a concebir el mundo como un interrogante. Hay sabiduría y tolerancia en tal actitud. En un mundo formado por sacrosantas certidumbres, la novela ha muerto. El mundo totalitario, ya se encuentre en marte o en el Islam, es un mundo de respuestas y no de preguntas. Allí, la novela no tiene cabida. En definitiva, tengo la impresión de que por todo el mundo las gentes de hoy en día prefieren juzgar en vez, contestar más que preguntar, de una manera que la voz de la novela apenas puede oírse por encima de la atronadora necesidad de las certidumbres humanas”.
El País de Madrid, en 1985, en su sección de Cultura presentó a sus lectores una selección de ochenta y nueve palabras de Milán Kundera, quien personalmente supervisó el proyecto. Diario Occidente, selecciona algunas palabras claves de ese diccionario personal: CÓMICO: Al ofrecernos la hermosa ilusión de la grandeza humana, lo trágico nos aporta un consuelo. Lo cómico es más cruel: nos revela brutalmente la insignificancia de todo. IRONÍA: No es una inclinación personal de este o aquel escritor. Es asunto de la novela en cuanto arte. NOVELISTA: El novelista no hace mucho caso de sus ideas. Es un descubridor que, tanteando, se esfuerza por desvelar un aspecto desconocido de la existencia. TRADUCTORES: Hablo mal de ellos y es injusto. Están mal pagados, mal apreciados, maltratados y se les pide cosas poco compatibles, estar en todo momento a la altura del autor y, al tiempo, estarle totalmente subordinados. POLÍTICA: En boca de políticos, la primera sílaba estalla como el breve estampido de un fusil.
Fin de los artículos
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