Cali, abril 3 de 2026. Actualizado: miércoles, abril 1, 2026 21:04
El trabajo de cuidado no remunerado representa el 19,6% del PIB nacional, pero continúa recayendo de manera desproporcionada en mujeres rurales, afrodescendientes, indígenas y mujeres con discapacidad.
En el marco del Mes Internacional de la Mujer fue presentada una radiografía conjunta sobre el cuidado en la ruralidad del Pacífico y en los corregimientos de Cali.
Las cifras muestran que el sostenimiento de la vida, la cultura y la economía local depende, en gran medida, del tiempo invisibilizado de las mujeres.
Según la Fundación WWB Colombia, el trabajo de cuidado no remunerado representó el 19,6% del PIB nacional entre 2022 y 2023 (equivalente a 230,3 billones de pesos), lo que supera sectores como el comercio o la construcción. Sin embargo, este aporte continúa sin reconocimiento económico ni redistribución efectiva.
A nivel nacional, las mujeres dedican en promedio 7 horas y 46 minutos diarios al trabajo de cuidado no remunerado, frente a 3 horas y 6 minutos de los hombres.
En centros poblados y ruralidad dispersa, la carga se eleva a 8 horas y 53 minutos diarios. Esto configura una pobreza de tiempo estructural.
“En el Pacífico, donde el cuidado es la columna vertebral que sostiene la vida, la cultura y el territorio, el desafío actual es evitar que este compromiso ancestral se convierta en una barrera para su autonomía o en una causa de exclusión económica. Es urgente que el Estado, el mercado y las familias asumamos una corresponsabilidad real, redistribuyendo el cuidado y, transformándolo de una labor invisibilizada a un derecho dignificado con infraestructura, sistemas de cuidado integrales, compensación y mayor representación en la toma de decisiones sobre el territorio y sus propias vidas“, explicó Soraya Husain-Talero, directora de Investigación de la Fundación WWB Colombia.
La Radiografía del cuidado en la Región Pacífico, a partir de los resultados de 15 proyectos de investigación financiados por el Fondo para la investigación, reafirma que el cuidado en territorios rurales es también una práctica ancestral y política.
Las mujeres, especialmente afrodescendientes e indígenas, lideran procesos de partería tradicional, protección de fuentes hídricas, saberes etnobotánicos y defensa del territorio, entre otros.
Un estudio sobre acceso al cuidado y prevención de violencias para mujeres con discapacidad, realizado por el Observatorio para la Equidad de las Mujeres y el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), encuestó a 163 mujeres en Cali, con discapacidad o cuidadoras, vinculadas al ecosistema de cuidados del Distrito.
Allí se puso en evidencia que el cuidado también está profundamente feminizado cuando hay discapacidad.
De las personas encuestadas que afirmaron tener labores de cuidado no remuneradas, más del 67% dedica su actividad principal a estas labores.
El 55,8% convive con personas mayores y el mismo porcentaje con personas con discapacidad, lo que implica demandas permanentes.
“El elemento más frecuente en esta investigación es el de violencia institucional. Pese a que los funcionarios o funcionarias se conecten empáticamente con las situaciones de estas personas, tienen poca idea sobre protocolos de personas con discapacidad o sus cuidadoras. No solo son personas que tienen una altísima carga de cuidado, sino que tienen la infraestructura pública en contra. Necesitamos miradas diferenciales más precisas para los universos de discapacidad”, dijo Lina Buchely, directora del Observatorio para la Equidad de las Mujeres.
El 32% de las mujeres con discapacidad requiere ayuda para actividades diarias y el 35% utiliza apoyos técnicos.
Entre las cuidadoras, el 49% dedica más de ocho horas diarias al cuidado, y el 87% manifiesta haber sentido ansiedad en el ejercicio de esta labor.
Además, el 59% reporta dificultades para acceder a servicios públicos de cuidado y solo el 6,7% considera que las instituciones realmente protegen y apoyan a las mujeres frente a situaciones de vulnerabilidad.
Otro proyecto del Observatorio para la Equidad de las Mujeres, en alianza con Oxfam Colombia y financiado por el Ayuntamiento de Barcelona, presenta una caracterización de la oferta y demanda de cuidados de la zona rural de Cali.
Entre los hallazgos está que el cuidado comunitario en estas zonas fortalece las redes locales y se convierte en una red de apoyo para encarar la vulnerabilidad económica de las familias.
Además, evidencia que es fundamental reconocer el liderazgo de mujeres mayores y ancestras como articuladoras del tejido social.
“En la zona rural tenemos que atacar muchos estereotipos. Hay personas que piensan que las mujeres en la ruralidad no hacen nada, hasta algunas de ellas se lo creen… Hay que repensar esas miradas que tenemos sobre ellas y empezar a valorar esa conexión que tienen no solo con el ecosistema natural, sino con las actividades económicas y productivas que de ahí se derivan. Todo esto debe ser incorporado a las políticas públicas para poderlo fortalecer”, añadió Buchely.
Por ejemplo, al hablar de cargas de cuidado al interior de los hogares, datos de esta investigación revelan que la actividad principal de la mayoría de hombres (61,6%) es un trabajo o un negocio donde recibe un pago, mientras que para la mayoría de mujeres (43,6%) es hacer trabajo doméstico en su casa, sin remuneración.
Cuando se indagó en las razones por las que las personas de la zona rural no tienen un trabajo remunerado, dos de cada 10 mujeres respondieron que el tiempo dedicado a los oficios del hogar no se lo permiten, mientras que ningún hombre dio esta respuesta.
En la zona urbana de Cali, el fenómeno no es ajeno. De acuerdo con los análisis 43 de cada 100 caleñas afirman no tener tiempo para su propio autocuidado debido a las responsabilidades del hogar, lo que evidencia que la sobrecarga del cuidado atraviesa tanto zonas urbanas como rurales.
Además, en sectores con alta población afrodescendiente, más del 52% de los hogares tienen jefatura femenina, lo que implica que muchas mujeres sostienen simultáneamente la provisión económica y las tareas de cuidado, en contextos donde el acceso a transporte y servicios es limitado.
“Otro elemento a destacar es el impacto que generan las mayores cargas de cuidado en la salud de las mujeres. En nuestra encuesta de percepción ciudadana más reciente encontramos que las mujeres que dedicaron 9 o más horas diarias a labores de cuidado reportaron menores niveles de buena salud física (50%) y mental (70%) en comparación con aquellas que afirmaron destinar entre 1 y 4 horas a estas tareas (61% y 78%, respectivamente)”, puntualizó Danny Angarita, director de Cali Cómo Vamos.
El estudio fue adelantado por la Fundación WWB Colombia, el Observatorio para la Equidad de las Mujeres (OEM), Cali Cómo Vamos y la Universidad Icesi.
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